¡A acompañar!

Parece que la vida va de acompañamiento y de acompañar…

Acompañar en el plano familiar, cuando te toca ponerte al lado de quienes te han precedido y van envejeciendo de manera consciente y aumentando sus limitaciones. También de quienes están empezando esta aventura llena de incógnitas y se encuentran en ese momento en el que se creen inmortales, porque es lo que toca por su edad. Y, sin lugar a duda, al lado de la persona con la que compartes un proyecto lleno de intimidad en el que el verbo “acompañar” se fusiona con otro, “compartir”, y generan entre ambos una complicidad que es muy difícil de explicar con palabras.  

Acompañar en el plano laboral, cuando has experimentado que tu vida profesional es estar diariamente al lado de personas, grupos o colectivos, formales e informales, y esto, casi como si fuera un milagro, permite que ellas mismas (personas, grupos o colectivos) vayan descubriendo sus propios caminos, sean protagonistas de sus decisiones y se reconozcan desde la plena autonomía llena de dignidad.

Acompañar en el plano espiritual, cuando te has puesto al lado de quien está buscando, de manera honesta, vivir una experiencia de profundidad, de encuentro consigo mismo y con ese Dios que habla a la vez en lo más íntimo y en lo más público, y tu labor es, al menos, no molestar y tímidamente ayudar a que esa comunicación, que es la vida espiritual, fluya.

Acompañar en el plano comunitario, cuando te pones a la escucha, una escucha orante, junto a alguien, individual o colectivo, que está queriendo discernir para poder deliberar y decidir en su vida, de manera real y práctica. Cuando se pone la persona, el grupo de vida, la comunidad en búsqueda de los signos de los tiempos y de la llamada del Espíritu para poder responder con una mayor fidelidad.

Acompañar en el plano eclesial, cuando te haces cargo y ayudas a descubrir la necesidad de una nueva realidad que responda más y mejor al mensaje de Jesús de Nazaret, y compartes en ella la importancia de abrir puertas y ventanas para que se mueva el aire, y construyamos conjuntamente una realidad eclesial inclusiva, plural y diversa, propia de un mundo en el que seguimos no a una abstracción sino a un Dios realmente encarnado en la historia.

Acompañar en el plano civil y ciudadano, cuando identificas esas causas públicas y comunes en las que no cabe la duda, “sin dudar ni poder dudar” diríamos en jerga de primer tiempo de elección. Porque nos ayudan a avanzar como sociedad hacia una mayor conciencia y responsabilidad colectiva, construyendo ciudadanía más plena y real, de la mano de otras personas, plurales y diversas, y te envuelves en un proyecto de futuro que siempre está por construir y con metas a alcanzar.

A lo largo de los años he conjugado el verbo “acompañar” en muchos lugares y planos de mi vida. Incluso he llegado a pensar, o a sentir en ocasiones, que lo he convertido en un término “transparente” porque lo he usado, y lo usamos, para tantas cosas que quizá lo hemos llenado de vacío.

Pero cuando vuelvo a “acompañar” y me acerco a la realidad viva de quien busca y desea, de quien siente y piensa que hay algo nuevo en la vida que hay que ayudar a que brote, nunca olvido, a pesar de mis dudas, miedos y temores que, en todos esos planos, el familiar, laboral, espiritual, comunitario, eclesial, civil y ciudadano, mi vida está llena de rostros, nombres y lugares de quienes me acompañaron, y me siguen acompañando, y me han ayudado a ser quien soy, con mis luces y sombras.

Por reconocimiento, por agradecimiento, porque quizá a estas alturas de la vida ya no sé hacer otra cosa…

Por eso, ¡a acompañar!

Eduardo Escobés. Cvx Arrupe Elkartea en Bilbao

Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Acompañ-arte son responsabilidad de las personas que los han escrito y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.


[1]

Deja un comentario