¡A acompañar!

Parece que la vida va de acompañamiento y de acompañar…

Acompañar en el plano familiar, cuando te toca ponerte al lado de quienes te han precedido y van envejeciendo de manera consciente y aumentando sus limitaciones. También de quienes están empezando esta aventura llena de incógnitas y se encuentran en ese momento en el que se creen inmortales, porque es lo que toca por su edad. Y, sin lugar a duda, al lado de la persona con la que compartes un proyecto lleno de intimidad en el que el verbo “acompañar” se fusiona con otro, “compartir”, y generan entre ambos una complicidad que es muy difícil de explicar con palabras.  

Acompañar en el plano laboral, cuando has experimentado que tu vida profesional es estar diariamente al lado de personas, grupos o colectivos, formales e informales, y esto, casi como si fuera un milagro, permite que ellas mismas (personas, grupos o colectivos) vayan descubriendo sus propios caminos, sean protagonistas de sus decisiones y se reconozcan desde la plena autonomía llena de dignidad.

Acompañar en el plano espiritual, cuando te has puesto al lado de quien está buscando, de manera honesta, vivir una experiencia de profundidad, de encuentro consigo mismo y con ese Dios que habla a la vez en lo más íntimo y en lo más público, y tu labor es, al menos, no molestar y tímidamente ayudar a que esa comunicación, que es la vida espiritual, fluya.

Acompañar en el plano comunitario, cuando te pones a la escucha, una escucha orante, junto a alguien, individual o colectivo, que está queriendo discernir para poder deliberar y decidir en su vida, de manera real y práctica. Cuando se pone la persona, el grupo de vida, la comunidad en búsqueda de los signos de los tiempos y de la llamada del Espíritu para poder responder con una mayor fidelidad.

Acompañar en el plano eclesial, cuando te haces cargo y ayudas a descubrir la necesidad de una nueva realidad que responda más y mejor al mensaje de Jesús de Nazaret, y compartes en ella la importancia de abrir puertas y ventanas para que se mueva el aire, y construyamos conjuntamente una realidad eclesial inclusiva, plural y diversa, propia de un mundo en el que seguimos no a una abstracción sino a un Dios realmente encarnado en la historia.

¡¡¡ Cuántas experiencias y cuánto aprendizaje acompañando !!!

En estos días me llegaba una imagen que se titulaba “Cómo aprende nuestro cerebro”, acompañada de imágenes que decían: un 10 % leyendo, un 20 % escuchando, un 30 % observando, un 50 % viviendo y escuchando, un 70% dialogando con otros, un 80 % haciendo y un 95% enseñando a otros.

Internamente me pregunté: ¿y cuánto he aprendido acompañando? Y un instante después me auto-respondía, acompañar no es lo mismo que enseñar, pero tiene un poco de todo esto y un plus más. Y me llenaba un profundo sentimiento de agradecimiento ¡¡¡cuántas experiencias y cuánto aprendizaje acompañando, gracias Señor!!!

En mi experiencia acompañando procesos personales y grupales, tengo que agradecer a Dios el haber sido testigo de su paso por la vida de otros, es un escaparate muy especial, he visto como Dios ha mimado, acariciado, cuidado, cambiado, cuestionado… y mientras lo veía, todo esto se reflectía en mi misma.

Cuando acudo a una entrevista personal o una reunión de grupo en la que acompañó, repito una petición a Dios a modo de mantra, “Señor, que no estorbe…”. Implícitamente le pido que no le quite el protagonismo, que sepa escuchar, que sepa callar, que esté abierta a cuanto viene de Él…  Algo que me sorprende con cierta frecuencia es que el Señor saca de mi lo mejor que tengo y siento que es Él quien lo hace y no yo.

Descubrí que tengo que descalzarme porque me acerco a un lugar sagrado, donde Dios viene a nuestro encuentro, al mío y al del acompañado.

¡Anímate! Si has sido acompañado y alguna vez has pensado en acompañar, ¡anímate y ponte a ello!  es una experiencia riquísima y si soy sincera he aprendido más que todo lo que he podido dar.

Habrá un tiempo para formarte.  Para leer sobre el tema. Descubrir el don del tiempo de escucha y de la espera, son tiempos que Dios nos regala y es una gracia aprender a vivirlos y a sentirlos como don. Habrá tiempos de duda. Aprenderás de cómo eres acompañado. Hay que evaluarlo, vivirlo y compartirlo en Comunidad.

Tu experiencia será distinta a la mía, pero las dos se encontrarán y en alguna reunión compartiremos, aumentando el sentimiento de agradecimiento y juntos descubriremos matices y sentimientos que individualmente no son fáciles de ver.

¡Gracias a Dios y a cuantos Él ha puesto en mi vida!

Y no he hablado del plus: la oración. Pero ese es tema para otro artículo.

Biby Manso. Cvx Caná en Madrid

 

Nace la Columna de reflexión Acompañ-arte

 

Para los miembros de Cvx el acompañamiento es un regalo que recibimos desde el inicio de la vida, pues lo reconocemos en nuestra familia, en nuestros maestros y más tarde en nuestros guías, compañeros, asistentes…es así como poco a poco entendemos que este arte es uno de nuestros carismas, acompañar a aquellos que tenemos al lado, familiar, profesional, social o espiritualmente. 

Ser es todo un arte, que supone acoger la intención del otro de salir de sí mismo en primera instancia mediante las palabras, lo cual requiere de una escucha activa y de saber pasar por el corazón las circunstancias que rodean a esa persona para incitarle a descubrir el camino que le lleve a entregarse a los demás, o el apoyo que le podemos brindar en estos  momentos, pues no todo acompañamiento tiene como trasfondo la fe.

Supone poner al otro en primer lugar y no a nosotros mismos, requiere una oración profunda y poner en práctica el discernimiento en mayor o menor proporción, para poder devolver al acompañado mediante las palabras el aliento que le ayude a seguir caminando.

Es al acompañar diversas personas y realidades cuando nos sentimos movidos a involucrarnos en ellas para intentar alentarlas o transformarlas. Dichas misiones personales o comunitarias también deben ser acompañadas, pues son labores que nos vertebran, nos animan y sirven a los más pequeños de los pequeños, por esto no debemos desatenderlas.

Por todo esto os animamos a reflexionar con estos artículos que aparecerán mensualmente, que pueden hacernos crecer en el arte del acompañamiento y mostrarnos nuevas maneras o campos donde desarrollar la belleza del acompañamiento, donde no sólo recibe el acompañado, sino también el acompañante, pues ambos habitan un espacio teológico, en el cual, si todo se cuida, Dios es revelado.