¡¡¡ Cuántas experiencias y cuánto aprendizaje acompañando !!!

En estos días me llegaba una imagen que se titulaba “Cómo aprende nuestro cerebro”, acompañada de imágenes que decían: un 10 % leyendo, un 20 % escuchando, un 30 % observando, un 50 % viviendo y escuchando, un 70% dialogando con otros, un 80 % haciendo y un 95% enseñando a otros.

Internamente me pregunté: ¿y cuánto he aprendido acompañando? Y un instante después me auto-respondía, acompañar no es lo mismo que enseñar, pero tiene un poco de todo esto y un plus más. Y me llenaba un profundo sentimiento de agradecimiento ¡¡¡cuántas experiencias y cuánto aprendizaje acompañando, gracias Señor!!!

En mi experiencia acompañando procesos personales y grupales, tengo que agradecer a Dios el haber sido testigo de su paso por la vida de otros, es un escaparate muy especial, he visto como Dios ha mimado, acariciado, cuidado, cambiado, cuestionado… y mientras lo veía, todo esto se reflectía en mi misma.

Cuando acudo a una entrevista personal o una reunión de grupo en la que acompañó, repito una petición a Dios a modo de mantra, “Señor, que no estorbe…”. Implícitamente le pido que no le quite el protagonismo, que sepa escuchar, que sepa callar, que esté abierta a cuanto viene de Él…  Algo que me sorprende con cierta frecuencia es que el Señor saca de mi lo mejor que tengo y siento que es Él quien lo hace y no yo.

Descubrí que tengo que descalzarme porque me acerco a un lugar sagrado, donde Dios viene a nuestro encuentro, al mío y al del acompañado.

¡Anímate! Si has sido acompañado y alguna vez has pensado en acompañar, ¡anímate y ponte a ello!  es una experiencia riquísima y si soy sincera he aprendido más que todo lo que he podido dar.

Habrá un tiempo para formarte.  Para leer sobre el tema. Descubrir el don del tiempo de escucha y de la espera, son tiempos que Dios nos regala y es una gracia aprender a vivirlos y a sentirlos como don. Habrá tiempos de duda. Aprenderás de cómo eres acompañado. Hay que evaluarlo, vivirlo y compartirlo en Comunidad.

Tu experiencia será distinta a la mía, pero las dos se encontrarán y en alguna reunión compartiremos, aumentando el sentimiento de agradecimiento y juntos descubriremos matices y sentimientos que individualmente no son fáciles de ver.

¡Gracias a Dios y a cuantos Él ha puesto en mi vida!

Y no he hablado del plus: la oración. Pero ese es tema para otro artículo.

Biby Manso. Cvx Caná en Madrid

 

Nace la Columna de reflexión Acompañ-arte

 

Para los miembros de Cvx el acompañamiento es un regalo que recibimos desde el inicio de la vida, pues lo reconocemos en nuestra familia, en nuestros maestros y más tarde en nuestros guías, compañeros, asistentes…es así como poco a poco entendemos que este arte es uno de nuestros carismas, acompañar a aquellos que tenemos al lado, familiar, profesional, social o espiritualmente. 

Ser es todo un arte, que supone acoger la intención del otro de salir de sí mismo en primera instancia mediante las palabras, lo cual requiere de una escucha activa y de saber pasar por el corazón las circunstancias que rodean a esa persona para incitarle a descubrir el camino que le lleve a entregarse a los demás, o el apoyo que le podemos brindar en estos  momentos, pues no todo acompañamiento tiene como trasfondo la fe.

Supone poner al otro en primer lugar y no a nosotros mismos, requiere una oración profunda y poner en práctica el discernimiento en mayor o menor proporción, para poder devolver al acompañado mediante las palabras el aliento que le ayude a seguir caminando.

Es al acompañar diversas personas y realidades cuando nos sentimos movidos a involucrarnos en ellas para intentar alentarlas o transformarlas. Dichas misiones personales o comunitarias también deben ser acompañadas, pues son labores que nos vertebran, nos animan y sirven a los más pequeños de los pequeños, por esto no debemos desatenderlas.

Por todo esto os animamos a reflexionar con estos artículos que aparecerán mensualmente, que pueden hacernos crecer en el arte del acompañamiento y mostrarnos nuevas maneras o campos donde desarrollar la belleza del acompañamiento, donde no sólo recibe el acompañado, sino también el acompañante, pues ambos habitan un espacio teológico, en el cual, si todo se cuida, Dios es revelado.