«Una Nochebuena diferente»

Por María Zamora

Magis Vida en Valencia

Me llamo María y formo parte de los grupos Magis Vida en Valencia. Pero antes de entrar en materia, les voy a contar un poco sobre mi vida. Actualmente, estudio 4º de Psicología en la Universitat de València, y tengo 23 años.

De pequeña, fui al colegio de las Salesianas en mi pueblo, Sueca, pero no fue hasta que cumplí los 19 años cuando tuve experiencia de Dios. Fue gracias al que hoy en día es mi grupo, mi comunidad, y al compartir con ellos y ellas un Camino de Santiago, el cual sigo teniendo igual de presente cada día desde hace 4 años.

A partir de ahí, mis ganas de acercarme a Dios y conocer a Jesús fueron creciendo.

Pero para poder hablar de la primera vez que sentí a Dios, es necesario que hable de Sambori. Sambori es una ONG que acompaña a niñas y a niños hospitalizados en el Hospital de la Fe, en Valencia, y dónde tengo la suerte de poder ser voluntaria. Digo suerte, porque contribuir a que estos peques sonrían, poder cogerles de la mano o simplemente jugar con ellos, a mí, personalmente, me hace muy feliz. Colaboramos junto con otras entidades para que cada día de la semana estas niñas y niños puedan tener un espacio donde poder evadirse un poco de su situación y que vuelvan a lo importante, ser niños.

En Sambori les dedicamos la tarde del miércoles. Abrimos una ciberaula, con cantidad de juegos de mesa, material para manualidades, ordenadores, futbolín… donde pueden acudir aquellos que tienen fuerzas de la planta infantil. En el caso que haya casos más complicados y no puedan salir de sus habitaciones, somos nosotras las que acudimos allí a pasar un rato con ellos. Además, en los últimos meses, nos permitieron entrar también en la planta de oncología infantil, en la cual están un poco más aislados por su estado de salud.

Pero para mí, lo más especial es pasar la Nochebuena allí dentro, con los peques que están más graves y sus familias, y ver cómo se les ilumina la cara cuando llamamos a su habitación y cómo sus familias nos agradecen el hacerles sentir ilusión esa noche.

¿Y por qué voluntaria en un hospital? Siempre, desde pequeña, me han gustado los hospitales. Es curioso, porque normalmente las personas huyen de ellos. Pero siempre me han atraído. Supongo que por la gente que hay dentro. Y eso me hizo tomar la decisión.

Es un sitio donde el sufrimiento está presente, pero también es un lugar donde puede tocarse la esperanza, dónde un detalle sin aparente importancia, se magnifica hasta ser lo que hace que una persona siga luchando. Me parece un lugar muy especial.

Y Dios, está en todo esto. Dios está presente en cada situación, en cada “no puedo luchar más”, en la familia que en Nochebuena nos pidió que no entrásemos a ver a su hijo porque se estaba yendo ya. Pero también en cada buena noticia que se da y en cada vida nueva que nace. Está presente en cada persona: en los pacientes y su vulnerabilidad, en las familias y amistades que acompañan a sus seres queridos y en médic@s, enfermer@s y todas las personas que dedican su trabajo a cuidar de otros.

La primera vez que sentí a Dios fue en este hospital. Era mi primer día como voluntaria, y vino a la ciberaula una niña, de unos 5 o 6 años, que llegó con su madre. Al principio no quería entrar pero acabé pasando con ella toda la tarde.

Fue muy impactante ver su evolución en apenas unas horas. Llegó con una expresión de desconfianza, incluso de miedo, apagada, pero solo hicieron falta unos minutos para que se le dibujase una sonrisa en la cara. Cuando llegó el momento de cerrar, no se quería ir, y le pedía a su madre si se podían quedar un rato más. Antes de irse, le pedí un abrazo. “Vega, ¿me das un súper abrazo?”. Automáticamente saltó encima mía. Y en ese abrazo supe que estaba Dios, lo sentí, y la sensación que tuve la sigo reviviendo cada vez que recuerdo este abrazo, uno de los mejores que me han regalado nunca. La María que entró ese día en el hospital no fue la misma que salió y sigo dando gracias por ese regalo.

Ser voluntaria en el hospital me ha enseñado la importancia del servicio, de estar para otras personas y acompañarlas. La importancia de descentrarme para poder poner en el centro a otros, a Jesús.

Pero creo que la mejor parte es que me ha permitido conocer a otras personas que dedican su tiempo a los demás. Preguntarles por qué pasan una tarde a la semana en un hospital, o por qué deciden pasar un domingo preparando comida para las personas que se encuentran en situación de calle, por qué han decidido optar por un estilo de vida más sostenible o por qué emplean su tiempo en intentar cambiar situaciones injustas… Todo esto a mí me empezó a mover muchas cosas por dentro.

Cuánto más preguntaba, más presente se me hacía que las personas que hemos tenido tanta suerte, también tenemos la responsabilidad de devolver aquello que se nos ha sido dado.

Entonces fue cuando me planteé que si a mí, escuchar por qué una persona decidía ponerse al

servicio de otra me movía a querer darme a los demás, también podría pasar con el resto de personas.

Así fue como nació CURA EL MUNDO, un proyecto propio que junta dos de las cosas más importantes en mi vida: la danza y el servicio a los demás. El objetivo de este vídeo, es mover a la persona que lo vea, algo por dentro, y que tome ella misma la decisión de hacer algo por otra persona.

Fue un año de trabajo, de reuniones, de salir de mi zona de confort, pero también un año de aprendizaje y de dejarme empapar por muchas historias que me siguen hablando de Jesús.

El vídeo lo podéis ver aquí: (o en Youtube buscando: CURA EL MUNDO – MARIA ZAMORA)

Porque en el servicio, en el darnos a las personas desde la gratuidad, es dónde más presente se hace Dios.

Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Acompañ-arte son responsabilidad de las personas que los han escrito y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.


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«Si no toco, no creo»

Por Rocío Giménez

CVX en Zaragoza

Cuando empieza el mes de junio ya se va configurando el siguiente viaje a Nador. Podría entenderse que son las vacaciones merecidas después de un año de trabajo, pero no. Nador en mi vida personal y comunitaria es el regreso al origen del ser. Ser persona, ser comunidad, ser del lugar donde la vida trasciende con consecuencias.

Siempre he dicho que mi fe es muy débil, y me identifico con Santo Tomás, si no toco, no creo. Y en Nador puedes tocar mucho, todo lo que tu corazón pueda albergar sin romperse. El paso de la vida a la muerte, del sufrimiento a la esperanza se mezcla en el día a día como los olores del guiso de la abuela un domingo.

Eso lo comprendió muy bien el equipo de migraciones de CVX y lo dejó muy claro el Papa Francisco. Debemos oler a oveja, debemos estar inmersos en el mundo que vivimos, desde donde estamos, en nuestras comunidades, en nuestras misiones, y en el compartir con los que sufren por muy lejos a nuestra realidad que estén.

Desde hace mas de seis años, CVX está presente en la frontera sur en la realidad migrante que se vive en las puertas de nuestra casa. Presente en el compartir el día a día con los compañeros de la Delegación de Migraciones de Nador, que dan apoyo y acompañamiento a nuestros hermanos migrantes. Alvar, Maje, Soufian, Oñez, Samia, Farid, Trini, Maira, Claudia, … son nombres que no solo no nos son ajenos, sino que vivimos como compañeros en la misión. Estando atentos a necesidades, a problemas, a alegrías, a preocupaciones, a expectativas, a nuevos planes, …

Y dentro de unos días, me incorporo a este equipo que me produce tanto respeto, admiración y cercanía, como lo es la comunidad CVX nacional. Vamos a tener la oportunidad de seguir compartiendo de forma permanente y presente la realidad detrás de las noticias de las migraciones.

Pido al Padre y a la comunidad que me envía, me dé fuerza y acierto para poder estar al lado de nuestros hermanos migrantes. Ser servicio para el equipo de la Delegación en las tareas cotidianas. Ser voz de los que no pueden hablar.

El pasado 17 de octubre celebramos en la Quinta Julieta en Zaragoza el envío comunitario a la misión. Momento de cariño, compartir, y de sentir y haber tocado que no estoy sola en este recorrido, sino que todos vosotros estáis allí. Desde nuestra familia, nuestros trabajos, nuestros voluntariados, nuestras realidades, nuestra comunidad, no dejamos de tener nuestra misión en Nador.

Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Acompañ-arte son responsabilidad de las personas que los han escrito y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.


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Gustando de la compañía

Por Saskia

CVX en San Sebastián

La primera vez que escuché la palabra acompañamiento, en referencia a un acompañamiento espitirual, fue en alguna de las reuniones de inicio de curso de mi grupo de monitorado de tiempo libre. La verdad que aunque sonaba muy bien no terminaba de sentirme atraída por esa “herramienta” que nos ofrecían para profundizar en nuestra fe. No fue hasta los 23 años, en una experiencia de voluntario internacional donde uno de los requisitos era tener una persona acompañante designada, que empecé en esta aventura; o eso creía yo.

Las primeras veces que quedaba con mi acompañante me sentía nerviosa y tenía dudas: ¿Qué le cuento? ¿Esto puedo decir? ¿Lo estaré haciendo bien? Sin embargo, hoy en día, diez años más tarde, cada vez que nos vemos voy con ganas e ilusión, ganas de charlar, de compartir, de encontrarme con Dios y de encontrarme conmigo misma. Porque para mí el acompañamiento es eso, encontrarme con la persona que me acompaña, pero sobre todo encontrarme conmigo misma y situarme en mi relación con Dios, gracias a esa persona que te hace de espejo, que te refleja, que no te da soluciones concretas pero hace que la perspectiva desde la que ves el mundo y te ves a ti  sea poniéndote delante de ese espejo en el que se encuentra Dios.

Sin embargo, no podemos obviar que el acompañamiento no es únicamente esos momentos concretos y citados con una persona que camina cerca de ti y te ayuda a reflejar tus sentimientos y situaciones, donde tú llevas unas dudas e incertidumbres o, en épocas de consolación, alegrías y confirmaciones. Me costó tiempo darme cuenta, y aún hoy hay veces que tardo en ser consciente; pero en mi experiencia he aprendido que el acompañamiento va más allá de esas reuniones. Es cierto que en este momento de mi vida hay una persona a la que denomino mi acompañante, sin embargo hay decenas de personas que también hacen esa labor, a veces conscientemente y otras sin saber la gran tarea que realizan.

¿O acaso cuando aquella profesora que da parte de su tiempo no remunerado para preguntar cómo están las cosas en casa no es también acompañar? ¿O ese entrenador que tras el partido perdido anima al equipo a seguir confiando y a poner en valor sus virtudes no hace esa labor de acompañamiento? Tampoco podemos olvidar a la familia, a las amistades y a todas esas personas que nos  sostienen y reflejan en nuestra realidad para que podamos seguir avanzando y construyendo Reino.

Por tanto, repensando lo escrito al inicio de este texto tengo que corregirme, ya que quizás sí que fue en esa reunión de monitorado la primera vez que presté atención a qué era el acompañamiento, pero puedo asegurar que la primera vez que tuve un acompañante no fue en ese viaje de voluntariado. Por supuesto mi familia y amistades han sido mis primeros acompañantes en esta vida, poniéndome delante de mi realidad en infinidad de ocasiones y escuchando y observando humildemente mientras recorro mi camino. Tampoco me puedo olvidar de un número importante de profesores y profesoras que han dedicado tiempo y recursos que iban más allá de su labor como docentes, siendo parte importante de mi infancia y juventud. Y qué decir de los grupos de tiempo libre y de referencia, si eso no es acompañar…y no hablo únicamente de la persona monitora que acompaña a la juventud, sino de cómo las personas con más experiencia o las personas que comparten contigo la tarea son también personas que, muchas veces sin querer, te acompañan en muchos aspectos vitales, incluido el espiritual. Te colocan frente a Dios a través de sus conversaciones, de sus acciones, de sus ánimos y de sus hombros, donde a veces también nos toca descansar. Tampoco podría olvidarme de las personas con las que actualmente comparto la vida: mi familia y amistades, mi comunidad de CVX, mi comunidad Magis, y personas con las que he tenido el privilegio de poder trabajar. Todas ellas también hacen una labor de acompañamiento conmigo, a veces con facilidad y otras veces con más piedras en el camino, muchas puestas por mí. Sin embargo, todas ellas son personas que me ayudan a encontrarme con Dios y hacen que me cuestione continuamente el camino por el que le busco, con el deseo de seguirle de la mejor manera posible.

Siento que el haber tenido este amplio acompañamiento y, por supuesto, el tener el privilegio de tener al acompañante que tengo desde joven, me ha dado herramientas para escuchar a Dios con más profundidad, para ir contemplando el camino recorrido y para poner en infinidad de ocasiones luz al que venía por delante. No me queda más que agradecer a Dios haberme dado el privilegio de sentirme tan bien acompañada en esta vida.

Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Acompañ-arte son responsabilidad de las personas que los han escrito y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.


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Sobre arte y sociedad

Enrique Falcón (Valencia, 1968) es miembro de la CVX ‘Ignacio Ellacuría’ de Valencia y trabaja como educador y pastoralista en un centro de la Compañía de Jesús. Como escritor, ha publicado una veintena de libros y entre ellos cabe destacar La marcha de 150.000.000 (publicada en 1994, 1998, 2009 y 2017), la Trilogía de las Sombras (publicada en 2005, 2008, 2013 y 2020) y un apocalipsis cristiano, Sílithus, que salió a la luz el día mismo en que se decretó en España el primer estado de alarma del año 2020. Poemas suyos han sido musicalizados por Javier Peñoñori, Niño de Elche y Exquirla (esta última banda, con el disco Para quienes aún viven). Todos sus trabajos de crítica literaria y política están recogidos en el volumen Las prácticas literarias del conflicto: registro de incidencias (2010).

Como ejemplo del tipo de poesía que Quique escribe, aquí tenéis un vídeo con un poema suyo, “Europa muda” (incluido en su libro “La marcha de 150.000.000”, inspirado por la Teología de la Liberación), interpretado por la banda ‘Exquirla’ ante el original del “Guernica” de Pablo Picasso y retransmitido por RTVE en la primavera de 2017:

El amor, la ira

(sobre el papel del arte y la poesía en un tiempo herido)

Enrique Falcón

1)      Mirar de frente a la desesperanza y no bajar los ojos.

         Por eso, escribimos.

2)      Belleza: la sed que convoca un poema. También, sobre todo, un poema político.

3)      Nuestra tarea trata de conectar nada menos que tres dimensiones en la raíz misma de nuestros poemas: la dimensión histórica, la dimensión personal y la dimensión estética.

         Solo desde este particular posicionamiento (que no pasa exactamente por ninguna estrategia de equilibrio), podrá entenderse nuestra peculiar sorpresa hacia la tanta poesía unidimensional que hoy se escribe en nuestras latitudes.

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La Pascua en Salamanca

Me acerqué a la Pascua de Salamanca por primera vez allá por el año 2017. Mis hijos eran aún pequeños y, como familia joven, nos resultaba especialmente atractivo gozar de un espacio donde los adultos pudiésemos compartir oración y comunidad, a la vez que los niños vivían su propia Pascua junto a otros niños y niñas de su edad. Además, pertenecemos a la comunidad CVX en Salamanca, que desde el año 2010 la organiza en colaboración con la parroquia de El Milagro de San José, la Compañía de Jesús y, en algunas ocasiones, las Hijas de Jesús.

La Pascua de Salamanca surgió como iniciativa del párroco que tenía en aquel momento un doble objetivo: acompañar a los miembros de la Comunidad de Jóvenes en su proceso y animar, y también acompañar, la vida parroquial durante los días del Triduo Pascual.

Surgió, pues, como una pascua juvenil y universitaria que, al igual que los que en ella participaban, ha ido creciendo hasta convertirse en una experiencia para jóvenes profesionales y familias jóvenes, con y sin hijos.

Volviendo a la experiencia personal, nuestra participación en la Pascua de Salamanca no surgió por una simple conveniencia geográfica. Nos interesó porque esta Pascua está dirigida a jóvenes adultos y familias con niños, dos colectivos que a veces están un poco “olvidados” en las propuestas pastorales de la Iglesia, pero que merecen ser acompañados en sus procesos vitales y necesitan, igualmente, de espacios que faciliten la convivencia comunitaria y el crecimiento espiritual.

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¡A acompañar!

Parece que la vida va de acompañamiento y de acompañar…

Acompañar en el plano familiar, cuando te toca ponerte al lado de quienes te han precedido y van envejeciendo de manera consciente y aumentando sus limitaciones. También de quienes están empezando esta aventura llena de incógnitas y se encuentran en ese momento en el que se creen inmortales, porque es lo que toca por su edad. Y, sin lugar a duda, al lado de la persona con la que compartes un proyecto lleno de intimidad en el que el verbo “acompañar” se fusiona con otro, “compartir”, y generan entre ambos una complicidad que es muy difícil de explicar con palabras.  

Acompañar en el plano laboral, cuando has experimentado que tu vida profesional es estar diariamente al lado de personas, grupos o colectivos, formales e informales, y esto, casi como si fuera un milagro, permite que ellas mismas (personas, grupos o colectivos) vayan descubriendo sus propios caminos, sean protagonistas de sus decisiones y se reconozcan desde la plena autonomía llena de dignidad.

Acompañar en el plano espiritual, cuando te has puesto al lado de quien está buscando, de manera honesta, vivir una experiencia de profundidad, de encuentro consigo mismo y con ese Dios que habla a la vez en lo más íntimo y en lo más público, y tu labor es, al menos, no molestar y tímidamente ayudar a que esa comunicación, que es la vida espiritual, fluya.

Acompañar en el plano comunitario, cuando te pones a la escucha, una escucha orante, junto a alguien, individual o colectivo, que está queriendo discernir para poder deliberar y decidir en su vida, de manera real y práctica. Cuando se pone la persona, el grupo de vida, la comunidad en búsqueda de los signos de los tiempos y de la llamada del Espíritu para poder responder con una mayor fidelidad.

Acompañar en el plano eclesial, cuando te haces cargo y ayudas a descubrir la necesidad de una nueva realidad que responda más y mejor al mensaje de Jesús de Nazaret, y compartes en ella la importancia de abrir puertas y ventanas para que se mueva el aire, y construyamos conjuntamente una realidad eclesial inclusiva, plural y diversa, propia de un mundo en el que seguimos no a una abstracción sino a un Dios realmente encarnado en la historia.

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¡¡¡ Cuántas experiencias y cuánto aprendizaje acompañando !!!

En estos días me llegaba una imagen que se titulaba “Cómo aprende nuestro cerebro”, acompañada de imágenes que decían: un 10 % leyendo, un 20 % escuchando, un 30 % observando, un 50 % viviendo y escuchando, un 70% dialogando con otros, un 80 % haciendo y un 95% enseñando a otros.

Internamente me pregunté: ¿y cuánto he aprendido acompañando? Y un instante después me auto-respondía, acompañar no es lo mismo que enseñar, pero tiene un poco de todo esto y un plus más. Y me llenaba un profundo sentimiento de agradecimiento ¡¡¡cuántas experiencias y cuánto aprendizaje acompañando, gracias Señor!!!

En mi experiencia acompañando procesos personales y grupales, tengo que agradecer a Dios el haber sido testigo de su paso por la vida de otros, es un escaparate muy especial, he visto como Dios ha mimado, acariciado, cuidado, cambiado, cuestionado… y mientras lo veía, todo esto se reflectía en mi misma.

Cuando acudo a una entrevista personal o una reunión de grupo en la que acompañó, repito una petición a Dios a modo de mantra, “Señor, que no estorbe…”. Implícitamente le pido que no le quite el protagonismo, que sepa escuchar, que sepa callar, que esté abierta a cuanto viene de Él…  Algo que me sorprende con cierta frecuencia es que el Señor saca de mi lo mejor que tengo y siento que es Él quien lo hace y no yo.

Descubrí que tengo que descalzarme porque me acerco a un lugar sagrado, donde Dios viene a nuestro encuentro, al mío y al del acompañado.

¡Anímate! Si has sido acompañado y alguna vez has pensado en acompañar, ¡anímate y ponte a ello!  es una experiencia riquísima y si soy sincera he aprendido más que todo lo que he podido dar.

Habrá un tiempo para formarte.  Para leer sobre el tema. Descubrir el don del tiempo de escucha y de la espera, son tiempos que Dios nos regala y es una gracia aprender a vivirlos y a sentirlos como don. Habrá tiempos de duda. Aprenderás de cómo eres acompañado. Hay que evaluarlo, vivirlo y compartirlo en Comunidad.

Tu experiencia será distinta a la mía, pero las dos se encontrarán y en alguna reunión compartiremos, aumentando el sentimiento de agradecimiento y juntos descubriremos matices y sentimientos que individualmente no son fáciles de ver.

¡Gracias a Dios y a cuantos Él ha puesto en mi vida!

Y no he hablado del plus: la oración. Pero ese es tema para otro artículo.

Biby Manso. Cvx Caná en Madrid

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