«Como si cuidar fuera mejor»

Por Pablo M. Ibáñez

Sobre los cuidados se dicen muchas cosas: que hay que autocuidarse, que es bueno dedicarse tiempo, que hay que crear estructuras de cuidados, que hay que aplaudir a los cuidadores e, incluso, que hay que saber cuándo dejar de cuidar de otros. No sería justo decir que no se habla de los cuidados en nuestro tiempo. ¿O sí?

Recuerdo hace no tanto tiempo en el podcast Buenismo Bien que produce la Cadena SER cuando una de las comentaristas, Henar Álvarez, explicaba los cuidados que ejercía sobre su hijo recién nacido en el contexto de una nueva ley sobre permisos de paternidad ampliados. “Porque cuidar, sinceramente, es una mierda”, concluía tras su reflexión.

No quiero entrar en si ella tenía motivos o no para expresarse en esos términos (puede que su experiencia al respecto fuera esa y, francamente, nadie tiene potestad para hablar de las experiencias personales de otra persona como para convertirlas en categoría). Para mí el problema no es su experiencia personal, pero sí su reflexión pública.

Es mejor cuidar que no cuidar. Como axioma no habría mucho más que desarrollar. Podría dejar este artículo en este mismo punto y conseguiríamos un amplio consenso. Lo que pasa es que, a pesar de ser evidente, no parece ser una verdad asumida ni en el discurso público ni en las propuestas de vida que ofrece el siglo XXI. Ni siquiera los que enarbolamos la bandera de los cuidados muchas veces estamos a la altura de ella. A veces vivimos de cara a espejos que sólo nos devuelven un reflejo, a menudo igual de solitario que nuestros pensamientos. En fin, como si cuidar fuera mejor.

Algunos datos: solo en la Comunidad Autónoma de Madrid se contabilizan más de 275.000 personas mayores en situación de soledad. Otro dato: en la ciudad de Madrid hay el doble de perros que menores de cinco años. En otras palabras: las personas mayores están solas y preferimos no tener hijos.

Al mismo tiempo que leemos estos datos, vemos enormes problemas en el discurso político para incentivar que las personas desarrollen proyectos familiares o iniciativas legislativas para cuidar de las personas enfermas. Como si cuidar fuera mejor, ¿no?

En nuestro país hay un enorme problema a la hora de hablar de los cuidados. Cada vez que alguien levanta la voz para señalar modelos de vida basados en esto, aparecen otras tantas voces que explican que no hay que ser dogmático. Que hablar de la familia, la paternidad o la maternidad, de las relaciones duraderas o de la importancia de no ofrecer la eutanasia como primerísima opción ante la enfermedad son relatos de tiempos pasados. Nostálgicos, en definitiva, de una sociedad que ya murió y que huele a naftalina. Que ahora lo que hay que hacer es no soportar ni una contrariedad; que para qué atarte, pudiendo recorrer el mundo; que si te incomoda alguien debes echarle de tu vida cuanto antes; que el amor es para siempre mientras dure y que el sufrimiento no tiene razón de ser en la era de las tecnologías digitales y médicas.

La periodista Aloma Rodríguez, escribía en The Objective que “tener hijos no te hace mejor persona”. Al leer esto me quedé francamente sorprendido, porque, la verdad, siempre había escuchado lo contrario. Así que corrí a preguntar a mis amigos con hijos sobre si su experiencia les había cambiado la vida a mejor o no. La primera respuesta (lógica, por otra parte) fue, sobre todo, que era muy cansado. Una vez sobrepuestos al esfuerzo, la siguiente reacción, unánime, ha sido siempre decir que sí: el hecho de tener a una persona dependiente a tu cargo, a quien le descubres el mundo y a quien quieres, te obliga a ser mejor persona. Por supuesto, habrá casos y casos, pero, en principio, querer a alguien te supone la responsabilidad de acompañarle en la apertura de muchas puertas que alguien te ayudó a abrir a ti. Con todas sus contradicciones, claro.

  • ¿Estás diciendo que si no tengo hijos soy mala persona? Yo no he podido tener hijos. He tenido mala suerte en mis relaciones. No tengo ningún tipo de estabilidad vital como para tenerlos. No tengo claro que ese sea mi camino.

Pues claro. Razones para no ser padre o madre hay millones. Y lejos de mí está entrar a juzgar a quienes no quieran, no puedan o no lo vean claro. El que escribe tampoco los tiene, de momento. Por eso la reflexión no es si no tener hijos te hace mala persona, sino si tenerlos te hace mejor. O sea, sobre si vivimos como si cuidar fuera mejor.

De hecho, hay muchas maneras de cuidar. Tener hijos es la más habitual y también la más exigente a corto, medio y largo plazo. Pero cuidar también es renunciar a uno mismo para ocuparte de un padre enfermo. Cuidar es aparcar las propias expectativas durante un tiempo para que otra persona esté bien en un momento dado. Cuidar es acompañar a tu pareja en un proceso depresivo. Cuidar es entregarse a los pobres y visitar a los enfermos. Cuidar es llamar a tu madre e ir a ver a tu abuela. Cuidar es dedicar tu tiempo a alguien que lo necesita. Cuidar es hacerle la vida más fácil al resto en el puesto de trabajo o participar de una comunidad. Cuidar es dejarse cuidar.

Cuidar te hace mejor porque destruye tu yo. Te hace descentrarte de ti mismo. Y al contrario de lo que parece, eso es una buena noticia. Vivimos en una época que nos quiere siempre en el centro de nuestro propio universo. ¿Y desde cuándo un cristiano desea vivir a favor de la corriente?

Cuidar es mejor no sólo porque te haga mejor, sino porque es mejor respecto a algo. Y es que si hay algo más duro en la vida que cuidar a alguien es no tener a quién cuidar. Al fin y al cabo, aunque vivamos en islas, necesitamos de los demás. «No es bueno que el hombre esté solo» (en este caso hombre en sentido genérico de hombre y mujer).

Tampoco conviene romantizar la lógica de los cuidados. Cuidar, como decían mis amigos, a veces cansa, a veces frustra, te expone al error y, en ocasiones, hasta te hace sentir que no estás a la altura. Si cuidar fuera siempre sencillo, estuviera reconocido y no costase no estaríais leyendo este artículo. Cuidar es exigente. Y, sobre todo, tiene una parte de gratuito en un mundo ultramercantilizado (incluso aunque tu trabajo tenga que ver con los cuidados). Pero vale la pena. Porque nada vale más la pena que dar la vida por otros. O sea, vivir como si cuidar fuera mejor.

Imágenes de Freepik y Pixabay

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2 comentarios en “«Como si cuidar fuera mejor»”

  1. El cuidar,es amar a la otra persona, Dios nos cuida desde lo alto y quiere el bien nuestro, por eso el cuidar a los demás te hace sentir el cuidado de Dios,amar al prójimo como a ti mismo.
    Sufrir con alegría,es hacer alegre los demás para que nunca nos falta la esperanza de vivir

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