Dia 3 (II parte): encuentro profundo en la parroquia de San José: corazones en salida

El día 3 ha sido una experiencia extraordinaria de inmersión en el barrio. Todas las personas de la asamblea están desbordadas emocional y espiritualmente por la vivencia. Ha sido tal la cantidad de impresiones que no me es fácil resumirlas. Cómo os decía, nos dividimos en 30 grupos, aprox. de 8 personas cada uno.

Primero salimos de la casa de los jesuitas y entramos juntos andando en el barrio de San Miguel, donde está nuestra casa. Calles sin asfalto, sin alcantarillado, aguas grises a los lados de pistas sin aceras. Algunas casas están arregladas y la mayoría son muy pobres. Todo es autoconstruccion. Todas las casas con verjas envejecidas, para protegerse de los robos y agresiones. En el barrio hay tráfico de drogas y afecta a muchos jóvenes.  En la mayoría de casas hay perros de pelea, dogos muy agresivos.

Algunas personas nos ven con desconfianza de reojo al pasar, pero la mayoría de vecinos nos saluda y nos preguntan curiosos quiénes somos. Imaginaos 250 personas de los 5 continentes. Nunca han visto cosa igual. Todos sentimos muy intensamente la pobreza y dureza del barrio. Y aquí hay ya una comunidad CVX de jóvenes formada por 2 grupos, constituida en estos dos últimos años, tras la celebración del Reloj de la Familia.

Tras andar unos 20 minutos, llegamos a la parroquia central del barrio, San José. Fue fundada por el Papa Francisco y junto a ella está el colegio jesuita, que es muy humilde. El modelo de parroquia tiene en el centro la idea de pueblo de Dios. Tienen una comunidad laica muy grande y viva. Son líderes de las distintas áreas pastorales y la parroquia tiene muy diversas acciones en salud, educación, centros de servicios sociales, catequesis, una escuela de fútbol… Son personas extremadamente sencillas.

Todos los laicos activos de la parroquia se definen como misioneros. Hacen múltiples visitas de fe a sus vecinos, movilizan a los jóvenes, ayudan a los que están peor entre ellos…. Son una comunidad en salida, con una gran valentía y audacia misionera, creativos y muy comprometidos. Les pudimos conocer en cada familia que visitamos y toda la asamblea estaba muy impresionada. Queremos aprender del más pobre pueblo de Dios para ser una CVX más misionera,  comprometida y mejor organizada para la misión. Si la CVX del mundo tuviera la mitad del emprendimiento apostólico de la gente de San Miguel, cambiaríamos el planeta.

La parroquia tiene una iglesia central y luego una red de capillas -que son tan grandes o más que la Iglesia central. Fuimos a una de estas capillas, en la que hay celebraciones, catequesis y es una unidad pastoral con distintas iniciativas en las distintas partes del barrio.

Seguimos andando todos juntos hacia la capilla. Fuimos por una calle ancha de tierra. Escuchamos de lejos un coro. Al llegar a la calle de la capilla – con capacidad para unas 200 personas- nos encontramos con que los grupos de jóvenes formaban un pasillo en la calle para que lo cruzaramos y cantaban con gran entusiasmo. La canción decía frases como “sois la luz que tiene que alumbrar al mundo”, ” sois la sal…”, es conocida por todos.

A un lado y otro cantaban con muchísima fuerza y nos sentimos urgente y muy directamente llamados por esos jóvenes a ser luz y sal para ellos y con ellos. Mucha gente rompió a llorar al entrar en ese gran pasillo de canto, luz y sal. Yo también. Parecía que el propio pueblo de Dios te estuviera pidiendo con toda su alma que te dieras con toda el alma y los talentos que traes. Fue Muy Muy impresionante.

Tras el pasillo de jóvenes cantándonos y poniéndonos que fuéramos luz y sal, había numerosas familias de esa parte del barrio esperándonos. Mucho niño con ropas muy sencillas que nos miraban atónitos. Cuando pasamos todos, unos 50 jóvenes vinieron a saludarnos, a saber de dónde éramos cada uno y a sacarse fotos con nosotros. Desbordaban alegría y cariño por nosotros. Estaban ansiosos de saber de nosotros. Entramos en la parroquia y escuchamos el testimonio de la señora Estela, que coordina esa capilla -miniparroquia. Era una señora muy sencilla pero con una profundisima experiencia de salvación. A continuación fuimos a comer.

Fue maravilloso: en el patio trasero de la capilla, toda la comunidad nos había preparado una fiesta-comida, llena de banderitas y carteles. Todos juntos en aquel patio preparado como una boda popular, éramos la misma imagen del banquete del Reino, lo que uno imagina cuando piensa en el banquete de Dios. Fue precioso, otro fuerte impacto en el sentimiento. Pero lo más fuerte estaba por llegar.

Después de la comida cada grupo salió en distinta dirección hacia una familia. El fin era simplemente un Encuentro de fe y vida, compartir. Nos abrieron su casa y su corazón. Aquí las experiencias se multiplican. No se puede abarcar en esta mini-crónica. Llegamos a casas pobres. Tienen una tierra, han construido con ladrillos su casita, pero dentro de cada hogar ves la enorme fragilidad. En cada casa te rodea un numeroso grupo de perros que se mueven por todas partes. En los patios que rodean las casas hay innumerables cosas viejas que nunca se tiran por si incluso en su estado fueran de nuevo necesarias. Recuerdo entonces la idea del descarte de Francisco.

Una señora de 70 años estuvo limpiando todo el día casa y patios para recibirnos con la mayor dignidad. Esa señora fue Marta y María en un sólo ser, adoración y servicio juntos en un sólo movimiento. Otro grupo fue a casa de unos ancianos que perdieron a su único hijo y desde entonces, 9 años ya, dan de desayunar, comer y merendar a 40 niños pobres del barrio en su casa. Ellos tenían la casa y voluntad de hacerlo pero no tenían dinero para comida. Compartieron su intención en la parroquia y la comida llegó de todas partes. A veces también los niños pueden llevar incluso comida para sus padres. Como en la Multiplicación de los panes y pescados, a veces sobra en las cestas.

Fernando Vidal

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