La educación sostiene la VIDA

                                                               

“No es el momento para agrandar las desigualdades. Es el momento para invertir en el poder transformador de la educación”

Amina Mohamed, vicesecretaria ONU de las Naciones Unidas

La situación que estamos viviendo en el mundo a causa de la crisis generada por la COVID-19 nos ha sorprendido de tal manera que, aunque han pasado varios meses, seguimos sin poder prever por dónde nos irán llevando los futuros acontecimientos. La pandemia nos ha hecho sentir vulnerables y ha despertado una enorme sensación de indefensión frente a lo desconocido. De repente sectores cuya existencia y funcionamiento teníamos asumidos desde siempre y que hasta el momento habían permanecido invisibles pasaron a convertirse en indispensables. Se encargaban de lo esencial. La cultura del cuidado se posicionó en el centro de la vida. Hoy me gustaría referirme a la educación y la perspectiva del cuidado desde la que ésta se desarrolla, especialmente en contextos de pobreza y exclusión. Los centros escolares en estos contextos son espacios donde el cuidado es protagonista, garantizando la protección y alimentación a niños, niñas y jóvenes y promoviendo su desarrollo personal y comunitario.

Llegó el virus y se cerraron las escuelas

Con la llegada de la COVID-19 se cerraron las escuelas y empezó la locura de buscar soluciones y dar una respuesta inmediata a través de las clases on-line, con el acompañamiento de los y las docentes, que, haciendo malabares mientras sus hijos estaban en casa, impartían formación a los nuestros. Se trataba de que este no fuera un año perdido.

Según datos de la UNESCO del 20 de abril de 2020, el cierre afectó a más del 90% de la población estudiantil de todo el mundo. Esto suponía que más de 1.500 millones de niños, niñas y jóvenes (más de 10 millones en España) y aproximadamente 63 millones de docentes no podían acudir a sus centros educativos. Esto suponía una interrupción inédita en un derecho fundamental básico.

En España, como en Europa en general y en el que denominamos mundo desarrollado, pudimos adaptarnos rápidamente en torno a las mesas disponibles en casa para tener las clases y trabajar al mismo tiempo. Ordenadores, tablets, teléfonos, etc pasaron a ser, aún más, los protagonistas.

Pero, ¿qué ha ocurrido en el resto del mundo donde el derecho a la educación no está garantizado de una forma material y efectiva y hay tantas limitaciones en el acceso a internet?

La epidemia que existía antes de la pandemia. La pandemia y el derecho a la Educación

A consecuencia de la COVID-19, las escuelas cerraron en 188 países. Ningún sistema educativo estaba preparado para semejante crisis. No obstante, la gran epidemia, que ya existía anteriormente y que afecta de manera sistemática a millones de personas en muchos países, es la pobreza[1]. Este es el principal obstáculo estructural para muchos estudiantes que dejaron de asistir a la escuela, en concreto, porque la mayoría carece de acceso a internet. La educación virtual es un reto a la vez que un lujo que no todos los países pueden permitirse. Además, las mismas limitaciones afectan a docentes que viven en condiciones similares. Por todo ello, esta crisis está influyendo principalmente en las personas más vulnerables.

Del total de la población de estudiantes inscritos en la educación en todo el mundo un gran porcentaje a día de hoy sigue aún fuera de la escuela como consecuencia de la COVID-19. Cuanto más tiempo estén las niñas y los niños en situación de vulnerabilidad sin asistir a la escuela, menos probable es que regresen, considerando la historia de exclusión que les ha acompañado siempre y cómo se ve agravada con la presente situación. Especialmente aquellos estudiantes provenientes de hogares con mayores limitaciones socioeconómicas sufrirán en mayor medida las consecuencias negativas, siendo sobre todo quienes viven en países afectados por conflictos y otras crisis prolongadas, así como los migrantes, los desplazados por la fuerza, los que pertenecen a minorías o los niños con discapacidad, etc.

Estamos ante una crisis educativa sin precedentes. La educación en el mundo vive una situación de emergencia y la COVID 19 no ha hecho sino exacerbar la desigualdad educativa preexistente. Ello supondrá dejar a millones de niños y niñas al margen de uno de los derechos fundamentales que les permite acceder a una vida digna y autónoma a la vez que les   proporciona herramientas para salir de la pobreza.

La escuela más allá de sus fronteras y la necesidad de actuar

La escuela esimposible de sustituir, porque no sólo es el espacio en el que se desarrolla el aprendizaje del estudiante, sino que es el espacio que vertebra la vida, al ser el motor que promueve el desarrollo de otros derechos indispensables, tales como el del cuidado socio–emocional, donde se aprende a crecer y a ser resiliente; el de alimentación o el de protección frente a conflictos armados y crisis humanitarias.

La mayoría de los sistemas educativos no estaban preparados ni adaptados para garantizar la continuidad de la educación inclusiva fuera de las escuelas, ni en contextos de exclusión ni entre quienes poseen una situación más ventajosa a nivel socio económico.

El riesgo de que se produzcan graves retrocesos en el camino para alcanzar antes de 2030 una educación inclusiva, equitativa, gratuita y de calidad, meta que marca la Agenda Internacional, es muy alto. Si los Estados y comunidades no se preparan adecuadamente, si no se prioriza a los colectivos que están en mayor desventaja y si la comunidad internacional no mejora la cooperación técnica y financiera con países frágiles o empobrecidos, la COVID-19 agrandará la brecha educativa ya existente, con graves consecuencias para el desarrollo integral de los pueblos y persistirán incumplimientos del derecho a la educación que no nos podemos permitir.

Es urgente poner en valor la solidaridad y la política de cooperación como una política necesaria para abordar soluciones comunes a problemas globales que impactan e influyen en el conjunto de las políticas nacionales y locales.

Tenemos un reto global y local, que es seguir defendiendo el derecho la educación desde una postura ética y políticamente comprometida para que millones de niños y niñas tengan la oportunidad de acceder a ella. Se trata de la educación, uno de los pilares esenciales que sostiene la VIDA.

Cecilia B. Villarroel Romero –Nieto

(CVX San Ignacio – Valencia)

Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Política-mente son responsabilidad de los autores y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.


[1] Según datos del PNUD y del Banco Mundial, alrededor de 1.300 millones de personas, viven en situación de pobreza multidimensional, de las cuales más de 700 millones lo hacen con menos de dos dólares al día. El 57% de la población adulta total -más de 2.880 millones de personas adultas- sólo poseen el 1,8% de la riqueza mundial, mientras que el 1% de la población adulta más rica posee el 45% de la riqueza del mundo

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