Reflexiones compartidas: ¿hacia una nueva economía?

El pasado mes de septiembre nos reunimos telemáticamente un grupo de compañeros de CVX interesados en asuntos de índole económica de distinto tipo. Éramos Borja Agirre, de la CVX Bizkaia; José Antonio Molina, de la de Sevilla; Ángel Delgado, de la de A Coruña y Víctor Vega, de CVX Padre Arrupe, de Madrid. Queríamos reflexionar acerca de cuál puede ser el papel de la economía en nuestra sociedad y si es posible que, a través de la economía, construyamos un mundo más justo. Nos sentamos cómodos y desde lo virtual comenzamos a conversar y tratar de responder algunas de las preguntas que ahora os planteamos.

¿Debe la Iglesia acercarse a estos temas? ¿Debe quedarse en temas más pastorales, de la fe o de la doctrina? ¿Deben los cristianos interesarse por la economía? ¿Por qué?

“Sí deberían”, señala Víctor. La economía (todo aquello con una dimensión económica) tiene un impacto grande en la vida de las personas, en las condiciones socioeconómicas, en las condiciones materiales y también de alguna forma en las inmateriales (como, por ejemplo, las emocionales). Ángel apostilla “No podemos estar ajenos”.

También Borja lo señala sin dudarlo. El propio Evangelio hace referencias expresas y constantes a asuntos económicos, empezando por las desigualdades, la deuda y la posición de los acreedores o el valor del dinero. “Acordémonos del óbolo de la viuda y el valor que tenía esa moneda”.

“Si nos vamos a la propia etimología de la palabra economía”, indica José Antonio, “vemos cómo se compone por oîkos, que significa casa y nomós, que significa reglas, leyes o administración”. Esto es, la economía se refiere a las cosas del día a día y, por ello, la Iglesia y los cristianos tienen que estar involucrados. De hecho, lo ha venido haciendo: ya San Agustín hacía una fuerte crítica a la usura o dentro de la Doctrina Social de la Iglesia más reciente, Fratelli Tutti, además de los temas sociales y de la ecología, aborda temas de dimensión económica.

Sale también la idea de que Jesús fue un auténtico revolucionario de su tiempo, vino a cuestionar muchos de los dogmas existentes. La Iglesia hoy en día no puede acomodarse y tiene, por tanto, que atreverse a cuestionar o, al menos, poner en evidencia el statu quo si éste deja de lado a los más débiles. Existen estructuras económicas injustas y hay que luchar contra ellas. José Antonio pone un ejemplo concreto que está ocurriendo ahora: las vacunas y su desigual distribución a nivel mundial.

¿El actual modelo necesita una reforma? ¿Es reformable o se necesita un sistema nuevo? ¿Somos escépticos sobre la posibilidad de lograr avances en este sentido? ¿Es una utopía?

El actual modelo económico es el capitalista, basado en la propiedad privada y el mercado, como mecanismo para la asignación de recursos. Es un modelo que ha permitido ganar en eficiencia, pero que al mismo tiempo no ha ayudado a reducir las desigualdades.

Se puede o debe introducir un matiz importante, según José Antonio: “el modelo de economía de mercado es el único que funciona para producir, pero no para distribuir y esto lleva a una concentración de la riqueza en pocas manos”. Se necesita, por lo tanto, un sistema que también distribuya esa riqueza.

A día de hoy no se ha planteado un sistema alternativo que mejore la economía de mercado. Una de las soluciones pasaría por limitar los abusos en el mercado, que existiera un árbitro. “Se podría mejorar la regulación y la supervisión de los mercados y garantizar que existiera verdadera competencia”. Víctor añade que habría que reducir la presencia del mercado en algunos espacios, pues no todo se debe mercantilizar y “es importante poder llegar a hablar de economía con mercado y no de mercado”.

Según Borja, la situación actual es de bastante gravedad. Ve difícil una alternativa, pero el sistema en el que estamos nos lleva a un callejón sin salida. Los límites del crecimiento están ahí: tanto ecológicos como de los recursos materiales (por ejemplo, los energéticos). No entiende por qué el sistema se basa necesariamente en el crecimiento y cree que sería conveniente diseñar un sistema estable y que pudiera pervivir en el tiempo. La solución tendría que estar en otro nivel y habría que pensar en quién podría hacerlo y sería necesario tener una perspectiva más global que local. Ángel, sin embargo, se inclina más por reformas del actual modelo. Es consciente de que, quizás, esto sea insuficiente. Ve más asequible y directo empezar poniendo el foco en lo local, a nivel de país, antes de tener una mirada más global.

Finalmente sale también el tema de la transición ecológica y algo que oímos últimamente: “implicará unos costes y no es indiferente quién tenga que soportarlos. La transición además de ecológica tiene que ser justa”, según Víctor.

¿Qué podemos hacer en nuestro día a día, en el ámbito económico, para ser más fieles al Evangelio?

Víctor comienza señalando que una primera vía que es enteramente personal y accesible es el consumo. “Podemos tratar de tener un consumo más responsable, de ser conscientes de lo que consumimos, dónde consumimos y de si necesitamos consumir tanto como a veces pensamos”. “También se puede actuar por medio del ahorro”, añade Ángel. “Se puede pensar en qué empresas pueden utilizar esos ahorros de forma responsable”. En el fondo todos tomamos decisiones económicas a diario y está en nuestra mano el tratar de hacerlo de forma responsable. José Antonio trae una frase que posiblemente hayamos oído, pero que es muy descriptiva “vivir de forma sencilla, para que otros sencillamente puedan vivir”.

Borja, en otro plano distinto, aboga por cuidar al que peor está. Eliminar la pobreza o, al menos, la extrema. Crear sistemas locales, nacionales o globales para evitar que haya personas que no tengan lo mínimo para vivir (alimento, ropa o vivienda). “Es el pecado más grave que comete la humanidad”.

Hablamos de consumo responsable, crecimiento sostenible, el ecologismo, el reciclaje o la reutilización. “Para esto hay que formarse”. José Antonio nos explica una herramienta que está poniendo en marcha la CVX de Andalucía y de Canarias y que busca sensibilización en el ámbito de la ecología. “Es un buen camino”. “Además, el cambio se tiene que hacer en la microeconomía, desde la familia”. El planeta no puede soportar la loca carrera consumista. Parece que hace falta crecer siempre en positivo y devorando el medio ambiente: es insostenible.

Luego hay ámbitos más estructurales, que trascienden el comportamiento puramente individual y, por tanto, pueden parecer más complejos. Como sociedad civil podemos plantearnos y cuestionarnos cosas, que tendemos a dar por supuestas. El alcance de estos comportamientos puede ser limitado, pues para que tuviera impacto tendría que venir de grupos numerosos de gente, pero es una oportunidad que está ahí.

¿Qué referentes, entidades, iniciativas, plataformas movimientos conocéis y que recomendáis?

Con esta pregunta llegamos al final de este encuentro. Conocer referentes y buenas prácticas de otros siempre ayuda y sugiere. Salen los focolares, con su economía de comunión; el grupo Mondragón, con su modelo de cooperativas y empresas; o el movimiento de jóvenes de Economía de Francisco (es el santo de Asís el que inspira el nombre), que es una comunidad de jóvenes emprendedores, economistas y agentes sociales que trabajan por una economía más humana y centrada en las personas.

Hay también ejemplos concretos y ya puestos en práctica, como supermercados cooperativos, el caso de La Osa con productos ecológicos y de proximidad, cooperativas eléctricas o el comercio justo de Intermon Oxfam.

Nos quedamos con buen sabor de boca y con ganas de más. Otro día volveremos.

Imágenes: Pixabay, por Larisa-K, StartupStockPhotos, josephredfield y stevepb

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