Ante la Declaración Fiducia Supplicans. Bendecid y seréis bendecidos

La Declaración Fiducia Supplicans (Confianza suplicante), publicada el 18 de diciembre de 2023, ha levantado una enorme polvareda. Hay para quienes se queda tremendamente corto y para quienes roza la herejía.

Ciertamente, quienes esperaban que el primer paso del magisterio fuera permitir el matrimonio de las personas homosexuales, o de quienes se encuentran en situación irregular, han quedado defraudadas.

Porque el documento afirma, sin lugar a dudas, la doctrina moral tradicional que define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, abierta a engendrar hijos (nº 4), y considera irregulares todas las demás formas de unión, incluso heterosexuales.

Y, retomando la respuesta al dubium, niega la posibilidad, por un lado de realizar el rito del matrimonio en parejas en las que no se cumplan estos requisitos y, por otro, incluso el que haya un tipo de bendición que pueda asemejarse al rito matrimonial.

¿Qué es entonces lo que ha generado polémica en cierta parte de la comunidad cristiana?

La declaración distingue entre los aspectos teológicos y doctrinales y los pastorales. Y, en concreto, se centra en ahondar en lo que significan las bendiciones, puesto que es el asunto que genera polémica.

Por un lado, dice el texto, hay que diferenciar lo que son sacramentos de lo que son bendiciones. El sacramento del matrimonio ya ha quedado claro para quién está disponible. Pero, la bendición es un sacramental, está muy difundida y en constante evolución. Dice el documento en el número 8: “Ellas, de hecho, nos llevan a captar la presencia de Dios en todos los acontecimientos de la vida y recuerdan que, incluso cuando utiliza las cosas creadas, el ser humano está invitado a buscar a Dios, a amarle y a servirle fielmente.( Fiducia supplicans, 2023, pág. 2.) ”

No dice que se puedan bendecir las relaciones irregulares o las de parejas homosexuales. En el nº 11 queda explicitado. (Se bendicen) cosas, lugares o circunstancias que no contradigan la norma o el espíritu del Evangelio. Puesto que las relaciones de las que hablamos son ilícitas, no pueden ser bendecidas. Es más, pide explícitamente que se evite crear confusión cuando se realicen bendiciones.

Sin embargo,  también concluye que quien busca la bendición de la Iglesia siente la necesidad de la presencia salvífica de Dios en su vida y reconoce a la Iglesia como sacramento de salvación. Y con una frase magnífica, llena de belleza afirma “Buscar la bendición en la Iglesia es admitir que la vida eclesial brota de las entrañas de la misericordia de Dios y nos ayuda a seguir adelante, a vivir mejor, a responder a la voluntad del Señor (Fiducia supplicans (2023, pág. 3)”.”

El texto también nos invita a evitar la rigidez doctrinal y disciplinaria que no favorece la evangelización sino el control y lleva a distinguir entre quienes pueden formar parte de la comunidad, porque son santos, y quienes no pueden, porque son pecadores.

De hecho, dice en el número 32: “La gracia de Dios actúa en la vida de aquellos que no se consideran justos, sino que se reconocen humildemente pecadores como todos (Op. Cit., pag 6).

Así pues, no se bendicen las uniones ilícitas, pero sí que se permite bendecir a quienes se encuentren en la situación personal en la que se encuentren; pide que todo lo que hay de bueno, verdadero y humanamente válido en sus vidas y relaciones “sea investido, santificado y elevado por la presencia del Espíritu Santo (Op. Cit.,nº 31 pág. 6) .

Hasta ahora lo que hemos hecho es recoger el contenido de la Declaración, un texto que sería bueno, como siempre debería hacerse con documentos procedentes del magisterio y más aún si generan polémica, leer personalmente con actitud abierta.

Pero, ¿podemos decir algo como personas creyentes y pertenecientes al mundo de la diversidad?

Humildemente, debo reconocer que compartí inicialmente la reacción de compañeras y compañeros que se sintieron decepcionados. No es fácil escuchar una y otra vez que nuestras relaciones van contra el proyecto de Dios. Por otra parte, hasta ahora, la doctrina no permitía  siquiera que estuviésemos en el nivel de una casa, un animal o una fábrica, que sí podían recibir una bendición. Así que, no supone un gran avance, pero “algo es algo”.

A estas alturas, tras haber leído reflexiones diversas, reconozco la sabiduría del Papa Francisco quien, por un lado, debe cuidar la unidad de una comunidad eclesial donde las perspectivas son muchas, diversas y contradictorias y, por otro, va dando pasos para que esa unidad sea en la caridad, en el amor y no únicamente en la doctrina.

Animo a quien lea la Declaración a escuchar atentamente qué es una bendición; a desear sentirse bendecida; a pedir la bendición de Dios y de los demás en todas las realidades de su vida; a convertirse en bendición para quienes la rodean, incluyendo la tierra; y, por supuesto, aquello que nos resulta menos dignos de bendición. Porque la bendición es un don, como todo lo que procede de Dios, Padre y Madre, y nosotros somos mediadores, como lo es la Iglesia. Somos sacramento.

Desde esa actitud llena de agradecimiento, procuremos considerar como hermanos y hermanas a quienes comparten la vida y, más aún, la fe. Que no caigamos en la tentación de distinguir entre “nosotros, los buenos”, los que merecemos un sitio preferente, donde sea que situemos ese sitio preferente, y ellos, “los otros, los que no merecen nada”. Eso es a lo que nos invita la sinodalidad y en lo que se nos pide ser activos: en crear una comunidad en la que quepamos todos, todos, todos.

Equipo de Diversidad Sexual y de Género de CVX-E

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