Celda 211, ¿es así la cárcel?

Tras cuatro años de capellán del Centro Penitenciario de Alhaurin de la Torre, puedo decir con toda certeza que la cárcel no es una película en donde los presos se amotinan y los funcionarios negocian su liberación. En la cárcel te encuentras con personas de carne y hueso que con sus virtudes y defectos, piden que les escuchemos, les perdonemos y que la sociedad les brinde una nueva oportunidad. Las cárceles apoyadas por unos y rechazadas por muchos, son el reflejo de la sociedad y de sus fracasos sociales. Así cuantas más cárceles se van abriendo es señal de que en la sociedad aumenta la violencia, los robos, corrupciones y delitos. Desgraciadamente se consideran lugares malditos para los malos de la sociedad. Observamos como al igual que los cementerios, las cárceles se van situando cada vez más lejos de las ciudades.

En este tiempo de cuaresma, el Papa Benedicto XVI nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz del Evangelio y nos propone como tema central “la justicia de Dios que se ha manifestado por la fe en Jesucristo” (Rom. 3, 21-22). Es también la justicia humana y divina que claman los presos tras las rejas de la prisión. La Iglesia de Málaga sale a su encuentro a través de la Pastoral Penitenciaria. El capellán junto a los 70 voluntarios acompañan a los más de 2.000 presos y a sus familiares en el camino de fe y de reinserción. Es la Iglesia samaritana que no condena sino que acoge y perdona. Ellos trabajan para que el preso recupere su autoestima, sus valores, sus vínculos familiares y sobre todo su fe en Cristo. El encuentro con los presos nos recuerda a Jesús que nos vuelve a repetir: “estuve en la cárcel y me visitaste”.



Angel García Rodríguez

Sacerdote trinitario

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