El JESUITA LUIS RUIZ: El ÁNGEL gijonés de los POBRES

De noche, en una lancha de pesca y con el miedo a ser descubiertos por el Ejército chino en el cuerpo, llegó el padre Ruiz por primera vez a la isla de Dajin, en la provincia de Guangdong, donde el Gobierno tenía confinados a los leprosos. Corría el año 1986 y, para entonces, el sacerdote gijonés, que había vivido el exilio español con la expulsión de los jesuitas y había estado encarcelado en China, llevaba ya 46 años en el país así que el mandarín, por «muy endiabladamente difícil» que fuera, como él mismo suele admitir, no era un problema. Sí lo era, en cambio, la desconfianza que pudieran tener aquellos hombres y mujeres recluidos como apestosos en condiciones inmisericordes. Repartir unos cigarros entre quienes no tienen nada para llevarse a la boca podía ser un gesto diplomático acertado y por eso se llenó los bolsillos con pitillos con ánimo de repartirlos y entablar conversación. Pero, cuando las gentes, curiosas y poco acostumbradas a recibir visitas, salieron a recibirle se percató de una cuestión fundamental en la que hasta entonces no había caído: la lepra había ‘engullido’ sus dedos y le tendían sus muñones para ser saludados. «¿Y qué podía hacer yo con el tabaco? Pues empecé a encenderlos uno a uno y se los ponía a ellos entre los muñones y en la boca», recuerda.
Ahora Luis Ruiz sj, el gijonés que se ha ganado el sobrenombre de ‘Ángel de Macao’, el mismo al que otros llaman el ‘hombre de la montaña’ porque llegó tan lejos como se propuso para ayudar a los leprosos exiliados, acaba de cumplir 96 años y un documental grabado en su misión y producido por la comunidad jesuita de China conmemora su aventura vital de entrega a los más pobres.

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