El Nacimiento

“…El Señor sea nascido en suma pobreza… para morir en cruz, y todo esto por mí…” [Ej
116]


Desde la teología descendente que subyace en los Ejercicios, el Nacimiento, como concreción histórica de la Encarnación, simboliza el desgarro de la humanidad que clama ante un Dios que no es indiferente al sufrimiento humano, personalizado en Jesús (“la segunda persona se haga hombre para salvar al género humano”, Ej 102), quien representa todos los dolores de la humanidad. La cruz es la identificación con todas las víctimas de este mundo. Por tanto, el “por mí”, no se trata únicamente de ir cultivando una relación personal con Dios, sino de ser anuncio vivo del Reino de Dios, desde la transformación personal que el sufrimiento ajeno en este mundo roto nos produce (“¡Proclamad que está llegando el Reino de los cielos!”; Mt 10,7)”. Y en esa identificación, no cabe lugar la desesperanza, porque no hay mayor fracaso que el simbolismo de la cruz. Sabernos seguidores de un crucificado.


Y esta Encarnación-Nacimiento continúa desde entonces hasta hoy en día, a través de hermanos y hermanas que han sido agitadores de conciencia y movilizadores sociales con sus palabras y hechos, anticipando el cielo y la tierra nueva que ha de venir. Somos iglesia peregrina de la que formamos parte todos, sin exclusión, porque la aceptación y acogida forma parte distintiva de la misericordia de Dios. Una iglesia peregrina, que ha ido andando en caminos de reconciliación y de ternura con los más vulnerables de la sociedad, los “vicarios de Cristo”.


Tomás Undabeytia
Equipo Misión Espiritualidad CVX-E

2 Comentarios

  1. marta rosario Sánchez García

    Gracias

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  2. MAria amparo galvez rico

    Muchas gracias profunda rwflexion

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