Jerusalén: injusticia y violencia estructural

Ir a Jerusalén es ir al centro del conflicto estructural. Jerusalén significa la hegemonía del poder romano, falta de libertad, impuestos injustos. También está allí el templo que subyuga a la gente. Hay un poder cultural que segrega por ejemplo a las mujeres.

San Ignacio nos plantea que hay que cargar con la cruz, compartir el mismo destino de Jesús. Con Él y como Él. Si te animas a compartir la misión de reconciliar de Jesús tienes que compartir su mismo destino. En la tradición cristiana la cruz y la resurrección van unidas. Aquel que mataron ha resucitado. La muerte no tiene la última palabra, no la tiene el odio sino el perdón. La mansedumbre radical es ofrecer el perdón en la cruz, “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Desde la cruz, la violencia no tiene la última palabra, sino el perdón y desde este perdón puede empezar la resurrección.

Soy víctima con Jesús, víctima con tantas víctimas como hay en el mundo. ¿Cómo actuó ante las injusticias de nuestro mundo?, ¿cómo reacciono ante la violencia de ciertos valores, ante la violencia de la injusticia? Reacciono huyendo, compito, o lo vivo sumisamente? ¿En qué medida me callo ante lo que es injusto?

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