Páginas del diario de María

II
Recuerdo bien que todas mis amigas vivían de esperanzas,
entrelazaban juegos, creían vivir, cantaban.
Yo me iba quedando al margen de las cosas,
vaciándome, como una copa que ni siquieea sospecha
por qué ha sido creada tan abierta.
Todos querían vivir mucho y muy deprisa;
yo me iba quedando en el misterio desbordada y sola,
pero nunca nunca cerrada,
viviendo como un tallo que tiene ya por dentro
maniatadas las flores y el olor de las flores
y su gozo que nadie ve, pero que ya están ardiendo.
Por eso me quedaba contemplando a los pájaros,
tratando de adivinar mis alas.
VI
¡Qué sin deseos estaba el alma!
Yo sabía: ser virgen no es tener un vacío, sino arder;
no es carecer de hijos, sino de hambre;
no es llorar a la entrada del desierto,
sino caminar libre entre jardines.
Por eso no tenía que buscar la pobreza.
El alma era pobre sin darse cuenta.
Sólo rica de gozo, rica de libertad entre cautivos.
(J.L.Martín Descalzo, Apócrifo de María. Ed.Sígueme)

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