
Joan Piris, obispo de Menorca, reconoce la parte de “culpa” que los clérigos pueden tener en la escasa presencia de los laicos en las tareas pastorales, pues “llevamos años (¿siglos?) de una Iglesia y una pastoral muy ‘clericalizada’ (por necesidad o por inercia), y hay que aceptar que queda mucho trabajo por hacer y no siempre sabemos cómo hacerlo”. No obstante también considera que en niveles menos intraeclesiales “la voz que más suena para iluminar y/o regenerar a la luz del Evangelio los problemas sociales, culturales…, no es laical”.
Lo que ambas partes (Iglesia y laicado) esperan la una de la otra es, en opinión de Piris, una misma cosa: el diálogo, la comunicación. “Tenemos mucho miedo al ‘disenso’ porque puede provocar divisiones que nadie quiere, pero nos molestan los silencios que tratan de evitar posibles enfrentamientos”, afirma el prelado, quien está convencido de que hay que tener la valentía de hablar, “aún a riesgo de ‘pasarse’ en algo”. El futuro de los laicos, concluye Piris, debe pasar “por una vida cristiana más ‘vigorosa’ y lo más coherente posible”, aunque éstos no deben olvidar su “misión” de anunciar también de palabra el Reino, para lo que considera necesaria la formación.

Entre las misiones “cruciales” de los laicos –para lo que advierte que antes deben vencer algunas “patologías”-, el profesor cita: la identificación de las preocupaciones verdaderas de las personas, inventar un lenguaje de la fe que entienda todo el mundo, ofrecer la fe en los ámbitos donde viven, mantener la indignación ante la injusticia y ofrecer “una cura de realidad a algunos pastores”.

En cuanto a lo que espera la jerarquía de los seglares, Zabala señala el “compromiso creciente en su implicación en la comunidad cristiana”, que los laicos se formen para poder asumir las responsabilidades que están demandando en la estructura eclesial y que no se rompa la comunión con la jerarquía por culpa de críticas despreciativas, distanciamiento de corazón y discrepancia no razonada de las opiniones de los clérigos. Por último, el sacerdote ve en la aparición de determinadas comunidades y grupos, una de las esperanzas de la Iglesia actual. Pero también ve necesario que la mujer cobre un mayor protagonismo en la comunidad cristiana laica, cuyos miembros, ante todo, deben ser “constructores del Reino inmersos en el entramado social”.
Vida Nueva recoge también en el Pliego, las aportaciones que a este debate hacen otras firmas como: Julián Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela y presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Juan José Rodríguez, presidente del Foro del Laicos, Loreto Ballester, Directora General de la Institución Teresiana, Antonio Cartagena, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y Cecilia Barreda, vicepresidenta de CONFER, entre otros.
Vida Nueva recoge también en el Pliego, las aportaciones que a este debate hacen otras firmas como: Julián Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela y presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Juan José Rodríguez, presidente del Foro del Laicos, Loreto Ballester, Directora General de la Institución Teresiana, Antonio Cartagena, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y Cecilia Barreda, vicepresidenta de CONFER, entre otros.
0 comentarios