Regalos que me he llevado del Reloj de la Vida

Antes de comenzar a manifestarme sobre el Reloj de la Vida quiero agradecer a Marga, Mariví y Pilar su excelente trabajo, total disposición, comprensión y cariño que han mostrado con tod@s los participantes de la edición, también mostrar mi agradecimiento a todas las personas con las que he compartido los talleres en estas sesiones porque de todas ellas he aprendido.

Prólogo

Conocí la existencia de El Reloj de la Vida cuando apenas habían pasado veinte meses del cruel suceso que  acabó súbitamente con mis expectativas, proyectos e ilusiones vitales. Fueron meses complicados, de reflexión, revisión de vida, objetando todo. Haciéndome preguntas como, ¿qué me ha ocurrido?, ¿por qué?,  ¿cuál es el sentido de mi vida?, ¿qué puedo hacer?; naturalmente, cuando suceden  accidentes tan súbitos todo cambia y sin apenas percatarse, aceleradamente, la soledad aparece, cuando ese momento llega, surge otra pregunta  ¿cómo la toleraré?.

 Estos interrogantes y otros muchos me los planteaba diariamente, desconocía si a mi situación se le podía catalogar como crisis vital, en cualquier caso se le parecía mucho, así que cuando surgió la posibilidad de realizar con CVX el taller de El Reloj de la Vida no lo dude; creo que las crisis son oportunidades para crecer porque nos obligan a “detenernos” y conocer donde realmente hacemos “pie”,  quería romper la inercia de frustración por la perdida y comenzar mi nueva “Vida” con las ausencias inevitables, a ser posible sin lamentaciones, sin rumiaciones, con otro rumbo, con objetivos diferentes, si bien siempre tuve claro que debería de hacerlo a la luz de la fe y que había que ponerse manos a la obra.

Opinión/Reflexión

La estructura del curso me pareció impecable, primero por comenzar el primer taller colocando sobre la mesa el tema de las pérdidas de capacidades físicas y en cierta medida cognitivas. Los problemas que tienen que ver con la pérdida de la salud nos hacen experimentar debilidad, vulnerabilidad, falta de autonomía, necesidad de los otros aún para las necesidades más elementales. El taller hizo ayudarnos a ver y reconocer los problemas de salud y de pérdida de capacidades como mensajeros que pueden constituir una buena escuela de humildad y aceptación. Cuando aparece en nuestra vida un problema de salud es innegable que esa es la forma que toma para nosotros el presente en ese momento. Negar el presente no hace sino incrementar y prolongar el sufrimiento, ante el presente no cabe otra actitud sabia que la de aceptar lo que en términos religiosos se expresa en la forma sublime de la oración que nos regaló Jesús “hágase tu voluntad”. En este primer taller quedó patente que ante la merma de capacidades es fundamental aceptar, eliminar todo ego, y agradecer a la Vida todo lo que nos ha dado y sigue dándonos. Percibir que todavía somos útiles para muchos.

El segundo taller se dedicó a la soledad por la pérdida de seres queridos y amistades. Lo primero que percibimos y pusimos en común en el grupo tras una experiencia de este tipo es la sensación de tener un oleaje emocional que remueve absolutamente todo, un cataclismo inesperado que parece derrumbar aquello que antes era fuente de confianza, la vida pierde gusto y sentido, desaparece la alegría y todo queda teñido de tristeza y amargura. Para todos los participantes habían sido importantes las pérdidas de padres, hijos, hermanos, cónyuges, amigos… siempre gente allegada. La pérdida de la persona amada produce como en un niño la sensación de que uno mismo ha dejado de existir como si ahora fuera un fantasma. ¿Qué hacer? Cuando estamos en periodo de duelo es posible que la gente se plantee preguntas sobre nosotros y nosotros sobre nosotros mismos. A pesar de ser normal el profundo y oscuro sentimiento de depresión que acompaña al duelo, suele ser visto en nuestro entorno como algo que conviene evitar.

En el Reloj de la Vida dimos todas nuestras respuestas a ese interrogante, cada uno/a, la suya, y de todas se comparte y se aprende. En la medida de lo posible cada uno/a aporta ideas y actitudes constructivas frente al malestar o dolor generado por la perdida. Antes o después el dolor y el desengaño vivido por las pérdidas, por la soledad, nos obligarán a bucear en busca de realidades interiores solidas, como es la espiritualidad en la que hacer pie. No solo nos forzará a resituarnos constantemente, acogiéndonos y viviendo el momento presente, sino que nos irá abriendo los ojos hasta ver que solo hay una cosa mala en todo ello: seguir identificándonos con nuestro ego. No solo es acertado, es necesario abrirse a los demás en la medida que sepamos volcar nuestro amor, ahora herido, disminuido por la pérdida para crecer como persona, que la crisis se convierta en una “escuela de amor” y que el recuerdo de los momentos vividos con los ausentes sean de agradecimiento por haberlos compartido.

Cito textualmente a José María Rodríguez Olaizola  extrayendo del libro “Bailando con la soledad” lo que a mi entender espléndidamente abordamos y desarrollamos en el taller de CVX  “La soledad hay que bailarla como se baila con la muerte. Es aprender a mirarla no como a una enemiga sino como a una compañera de viaje que a todos alguna vez nos saldrá al camino. Una presencia familiar que en su aparición periódica en la vida se convierte en maestra. La soledad cuando nos llega tras una pérdida nos enseña muchas cosas, nos enseña a valorar la vida como un don maravilloso. A celebrar la vida, a celebrar cada día como un regalo. A apreciar el tiempo que podemos compartir con nuestros seres queridos. A no dejar palabras sin decir. A no considerar problema muchas cuestiones que realmente no lo son. También nos enseña que las lágrimas son parte del amor y que no hay que tener miedo a llorar a los que queremos.”

El tercer taller planteó un tema apasionante por lo escabroso que parece a primera vista: desmitificar el perdón. Casi nada. Para perdonar antes habrá que culpar, la culpa es uno de los mayores bloqueos a superar en una persona. Para empezar hay una gran recompensa en culpar. Conseguimos ser inocentes, podemos disfrutar de la autocompasión además de ser mártires, y los destinatarios de las simpatías. Tal vez la mayor recompensa de culpar es que conseguimos ser víctimas inocentes; el otro es el malo.

¿Por qué algo siempre debe ser un “fallo” de alguien?. ¿Por qué introducir el concepto de que hay algo malo en la situación?. ¿Por qué debe uno de nosotros estar equivocado, ser malo o culpable?

El primer paso para ejercer el perdón es ver que estamos eligiendo culpar. Otras personas en similares circunstancias perdonan olvidando y gestionando la misma situación de una manera totalmente diferente. Comentamos en le sesión que este era el caso de Víctor Frankl que eligió perdonar a los guardias de la prisión nazi en la que estuvo cautivo y vio un regalo oculto en su exigencia en los campos de concentración. Igual que Víctor Frankl esta opción también está abierta para nosotros. Hemos de ser honestos y darnos cuenta que no perdonamos porque elegimos culpar, esta es la verdad por más justificación que queramos hallar en las circunstancias. En la mente humana cada sentimiento tiene su opuesto, la manera de salir de la culpabilidad de los demás es tener la voluntad de reconocer y dejar de lado esos sentimientos negativos y al mismo tiempo tener la voluntad de no resistirse a que afloren sus opuestos positivos. En el coloquio realizado en la sesión sobre el perdón al analizar nuestras posiciones al respecto llegamos a la conclusión que si no perdonamos no es por un “no puedo”, es realmente un “no quiero”. El efecto sorprendente y sanador de perdonar es que cuando lo hacemos acudimos a nuestro interior, aparece nuestra consciencia, surge el amor e imitamos a Jesús ejerciendo el perdón, nos damos cuenta que el perdón tiene mucho más poder que todas las culpas. Perdonar te hace más feliz y mejor persona.

Ninguno sabe cómo va a envejecer y suele ocurrir con frecuencia que cuando llega el momento del ocaso no es el soñado. Ante la pérdida de capacidades físicas y de perdidas afectivas ¿qué puede ayudarnos en la tarea de conectar con la vida presente en este momento?. Una de ellas es abrirnos al mundo interior y hacerlo a través de nuestro cuerpo practicando la meditación y si es posible del ejercicio físico. En paralelo cualquiera que haya sido nuestra historia y sea la vivencia de este momento el camino de integrarse comienza por la aceptación de toda nuestra realidad. Tener la dosis  de humildad suficiente para asumir nuestras debilidades, siendo de suma importancia cultivar el silencio, fomentar la espiritualidad. La Vida no busca que “estemos bien” o que “quiera fastidiarnos”, sino que descubramos nuestra verdad, que no somos nada de aquello que podemos tener o que tuvimos, somos únicamente aquello que nunca podremos soltar y no porque estuviéramos identificados o apegados a ello sino porque es lo que somos, es nuestra última verdad.  La palabra clave sigue siendo aceptación y la trampa radica una vez más en la identificación con el yo.  La aceptación suele confundirse con la noción de que nos sentimos bien o estamos de acuerdo con lo que ha pasado. No es eso. La mayoría de la gente no se siente bien o de acuerdo con la pérdida de un ser querido o de sus capacidades físicas. Aceptar es asumir la realidad, que nuestro ser querido se ha ido físicamente o que nuestra merma física es evidente y se reconoce que dicha realidad es la realidad permanente. Sufrimos siempre que no aceptamos lo que nos ofrece el momento presente porque estamos apegados a personas, situaciones, etc. Sufrimos porque “elegimos” identificarnos con el yo. En todo el proceso de desapego juega un papel importante el cuidado de la vida social y familiar en el que desplegar toda nuestra dimensión de encuentro con otros.

En nuestro recorrido vital han sido fundamentales e importantes nuestros progenitores, nuestros hermanos, los amigos, también aquellos maestros y profesores de la infancia, en definitiva las personas allegadas de la familia y el entorno académico y social que han influido en nuestra forma de pensar y de comportarnos. Para todo el grupo esas eran, han sido, las personas que han dejado huella en la vida de cada uno de nosotros de una u otra forma. ¿Y nosotros?, ¿qué huella dejamos o hemos dejado?, o quizás deberíamos de interpelarnos ¿qué huella prefiero dejar?

También nos preguntamos sobre cuál es el sentido de mi vida. Siendo esta una cuestión cambiante y difícil por cuanto las pérdidas son evidentes a estas alturas de la vida, sigue siendo un recurso fundamental mirar hacia nuestro interior, espiritualidad, reflexión. Hacer un análisis de lo vivido, de las metas conseguidas, de los fallos y aciertos a lo largo de los años, en definitiva efectuar una revisión pero siempre desde lo hondo de nuestro ser, desde la consciencia, con sinceridad a poder ser desde la óptica de la fe y acompañado con la lectura del Evangelio, contemplación y discernimiento. No obstante cito a Víctor Frankl porque me parece una visión muy acertada del sentido de nuestra existencia.  No debería el hombre cuestionarse sobre el sentido de la vida sino comprender que es la vida la que le interroga, en otras palabras la vida pregunta por el hombre cuestiona al hombre y éste contesta de una única manera respondiendo de su propia vida y con su propia vida. Solo con la responsabilidad personal se puede contestar a la vida. La esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le plantea en cada situación particular. Podemos descubrir el sentido de la vida de tres modos: 1.- realizando una acción 2.- aceptando los dones de la existencia y 3.- por el sufrimiento.

En el primer caso el recurso para alcanzarlo resulta obvio. El segundo modo de descubrir el sentido de la vida se produce con la aceptación de los dones de la existencia; por ejemplo la conmoción interior ante la belleza del arte, el esplendor de la naturaleza, o el amoroso calor de otro ser humano.  El amor es la única vía para llegar a lo más profundo de la personalidad del hombre , el amor consigue que el otro aumente toda su potencialidad personal. El tercer modo de encontrarle un sentido a la vida es a través del sufrimiento. Cuando hay que enfrentarse a una situación inevitable, inapelable e irrevocable la vida ofrece la oportunidad de realizar el valor supremo de cumplir el sentido más profundo: aceptar el sufrimiento. El sufrimiento en cierto modo deja de ser sufrimiento cuando encuentra un sentido como ocurre en el sacrificio. La preocupación primordial del hombre no es gozar del placer o evitar el dolor sino encontrar un sentido a la vida y en esas condiciones el hombre está dispuesto a aceptar el sufrimiento si el sufrimiento tiene sentido.

Entender la Vida y nuestro recorrido por ella como si se tratara de construir un puente para cruzar un caudaloso rio desde una orilla, que representa nuestro nacimiento o el comienzo de un hecho/participación/acto, hasta la otra orilla que representa la muerte o el final de esa acción/trabajo/tarea, es una hermosa metáfora del quehacer psicológico y espiritual que tenemos que elaborar. Llegados a este punto todos nos encontramos en la orilla de un río que estamos obligados a cruzar, para ello todos construimos un puente, ese puente, su estructura, arquitectura, pilastras, número de arcos, la realizamos cada uno según capacidades, necesidades y objetivo. La construcción deberá ser fuerte para que sea apto y aguante nuestro peso y el del equipaje que nos acompaña, por ello es importante eliminar el mayor lastre posible; la mayor remora, que mas espacio ocupa y de mayor peso es el ego. El ego inevitablemente forma parte de nosotros y nuestro equipaje, desde que nacemos. En algunas personas es abultado, pequeño en otras ,pero siempre transportamos ego y es miedoso, necesita de apegos para sentirse bien y  por tanto seguro, para colmo fatiga mucho; así que hay que adelgazarlo o mejor todavía eliminarlo.  Con el paso del tiempo y la pérdida de capacidades y/o de personas allegadas el ego en más ocasiones de las deseadas, se deprime y enfada, no acepta la situación y por tanto se vuelve orgulloso y no humilde que es sinónimo a aceptación. Con la aceptación sobreviene la paz interior, emerge la espiritualidad y con ello el amor que todos llevamos dentro. Así las huellas que dejas en el recorrido sirven para otros.

Resumen personal

Me presenté en el Reloj de la Vida en busca de alguna respuesta a preguntas que desde algunos meses antes me hacía y que me pudiera ayudar a sobrellevar mi situación; lo que me encontré fue un grupo de personas tan mayores como yo, varias con historias más difíciles y complejas que la mía que me revelaron a través de su testimonio hablado que la vida, es como es, no como quieres que sea, aprendiendo de todas aquellas historias puestas en común.

Los talleres del Reloj de la Vida también me condujeron a hacerme preguntas más profundas sobre mi vida pasada  y su influencia en la vida presente, a entender que con el cambio de situación vital cambiaban el decorado y las formas pero el objetivo seguía siendo el mismo, estaba intacto, ayudar al prójimo, confiar en Dios y ser feliz. Constatar, en definitiva que el curso me ha favorecido primero, el reseteo mental (intentado por lo menos), segundo a entender que la finalidad de mi vida, entendida como una misión, no acabó el día del fallecimiento de mi esposa, y tercero  aceptar la Vida tal como viene, domar el ego y el eliminar el apego;  también me ha ayudado a entender que el anhelo al que todos aspiramos, es que cuando acaben nuestros días, las personas que he/hemos conocido o con las que he/hemos compartido Vida digan o piensen : “era una buena persona, solidario, no hizo daño a nadie, ha dejado una huella imborrable”…,eso y no vivir desengañado, apático, con miedo, resentido con las circunstancias por no tener las capacidades físicas de antes y sin tener a tu lado  las personas con las que compartías tu vida.

Finalmente los talleres ayudan a impulsar la espiritualidad a través de la fe que a su vez encaminan al discernimiento y a la aceptación de la Vida tal como se nos muestra.  Estos son a grandes rasgos los regalos que me he llevado del Reloj de la Vida pero hay otros igual de valiosos e importantes aunque aparentemente sean menores  como  el conocer y compartir con otras personas consideraciones, duelos, alegrías, anécdotas y contemplar las huellas que han dejado. Una satisfacción haber participado.

Mi sincero agradecimiento  a todo el equipo CVX.

José Luis Dieste

1 Comentario

  1. Myriam Muñoz Ospina

    Gracias José Luis por su testimonio.
    Me ha hecho interpelar y a CVX por éste programa tan interesante.

    Ayuda a vivir la vida con aceptación y sentido.

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