¡Todos a bordo! Iglesia sinodal. Acogida inclusiva

Este fin de semana, del 17 al 19, se celebró en Chipiona (Cádiz), el tradicional encuentro de cristian@s LGTBQ+ del Sur, ya es el XIII y este año contaba con la presencia de Cristina Inogés y María Luisa Berzosa que venían dispuestas a compartir con el grupo la realidad sinodal.


Del preámbulo se encargó Nico Montero, con un concierto-oración que nos colocó en situación para acoger lo que nos iban a regalar las dos “madres sinodales”. Y ellas, a la mañana siguiente nos rompieron los esquemas, porque, en vez de una charla al uso, lo que hicieron fue invitarnos a hacer un viaje en barco, el barco del sínodo, aunque fueron mucho más lejos, porque iban planteándonos preguntas que nos ponían a quienes participábamos en juego. No íbamos a ser espectadores de lo que sucedió en Roma, sino que teníamos que decidir si queríamos ser parte del relato, parte de la historia, parte del viaje.


Siendo honestas, la mayor parte de nuestra asamblea llegaba con serias dudas sobre el resultado de la primera parte del Sínodo, con un predominio de sensaciones y ecos negativos. Nuestro tema estaba prácticamente desaparecido, como si un año de trabajo previo y todas las ilusiones que se habían generado se hubieran hundido en el mes de octubre en Roma. Sin embargo Cristina y Mª Luisa nos ayudaron a leer entre líneas, a constatar los avances logrados, también a aclarar expectativas que se habían sobredimensionado. Ellas se encargaron de recordarnos que un Sínodo no es un instrumento de decisiones sino de deliberación y consulta; por tanto, no debíamos esperar de él lo que no puede ofrecer. Y tampoco se podía esperar un cambio radical.

Pero, lo que sí nos hicieron comprender, es que incluso los temas más controvertidos se habían aprobado con más del 80% de los votos a favor y eso suponía que necesariamente la mayoría de los obispos (que en el Sínodo suponían el 75% del grupo de votantes) había estado a favor. Y eso incluía la referencia a la diversidad sexual y de género.


Nos mostraron una Iglesia realmente diversa dentro del aula sinodal y la exigencia de escuchar, acoger, comprender y hacer un esfuerzo real por avanzar. También subrayaron que los obispos se estaban viendo confrontados con una Iglesia que debe caminar en la unidad, pero no en la uniformidad y que posiblemente del Sínodo salga la necesidad de que se avance, aunque a ritmos diferentes, según la realidad cultural y social de cada territorio.


Ambas nos invitaron a tomar conciencia de que los damnificados de la Iglesia son muchos y muy diversos, que no sólo podemos centrarnos en nuestra realidad y que nos toca crecer en solidaridad con el resto de personas que han sido excluidas. Nos invitaron a tomar conciencia de nuestra dignidad de bautizadas y bautizados, como hace Francisco. Ahí está el quid del cambio. Romper con el clericalismo, que el Papa ha denunciado con una fuerza tremenda en el propio sínodo e ir avanzando hacia una Iglesia en la que el laicado asuma sus responsabilidades sin miedo. Esa es nuestra misión, formar parte de la Iglesia en salida, hacia quienes han sufrido y sufren exclusión para recordarles (también como dice Francisco) que en esta Iglesia cabemos “todos, todos, todos”.

En nuestra asamblea se vivió un cambio. Tanto en la participación en la mañana, como en los comentarios de los grupos de trabajo de la tarde lo que quedaba claro es que habíamos vivido una conversión y que nos sentíamos dispuestas a seguir dando pasos, porque merece la pena asumir riesgos y trabajar para que nuestra Iglesia sea sinodal e inclusiva.


Y eso es lo que nos confirmó Ana Carvalho, coordinadora del Centro Arcoíris en las JMJ 2023. Contra toda esperanza, con una falta de personas tremenda, con grupos de trabajo que se iban cayendo ante las dificultades, un pequeño número de creyentes LGBTQ+ portugueses fue capaz de sacar adelante la primera participación oficial del colectivo en un en unas JMJ, con el conocimiento y la aquiescencia de los responsables del evento y con apoyos inesperados por parte de sacerdotes, congregaciones, etc.


Como ella misma nos dijo, una vez pasada la experiencia de Lisboa la cuestión es mirar el
calendario y ver dónde tenemos que hacernos presentes: Jubileo del 2025, JMJ de Corea en el 2026,…


El encuentro tuvo su momento culmen en la celebración ecuménica del domingo donde empezamos cantando “Todos vamos en el mismo barco, todos somos del mismo barro”, pasamos luego a escuchar cómo la cananea, mujer, extranjera, excluida del Pueblo de Dios, evangelizaba a Jesús y le ayudaba a comprender la verdadera riqueza de su misión, más allá de “las ovejas perdidas de Israel” para terminar proclamando con la música que “Es tu hora”

Esta es nuestra hora, este es el momento de gracia, el tiempo de salvación. Hemos tomado conciencia de que en estos trece años de encuentros de Chipiona hemos perdido miedos y hemos ganado en conciencia de nuestra dignidad, pero tenemos que seguir avanzando en conciencia de misión, de responsabilidad como cristianos y cristianas, miembros de pleno derecho de nuestra Iglesia.


Hay demasiados damnificados, demasiadas personas excluidas en nombre de la moral, de las leyes. Nos toca invitarlos a reconocerse hijas amadas de Dios, Padre y Madre, miembros de la comunidad de quienes han sido invitados por Jesús al banquete del Reino.

Bea Blesa

CVX en Sevilla

    1 Comentario

    1. González

      Se han olvidado que esta vez ha sido un encuentro más inclusivo pues hemos contado con unas intérpretes de lengua de signos (ILSE) con asistencia de la comunidad sorda.
      Salimos de verdad muy esperanzado de las aportaciones de la comunidad creyente con diversidad de género

      Responder

    Enviar un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *