TRANSFORMA TU MIRADA

Hermano, hermana, en humanidad,

creyente o no,
sé que tienes mil y una razones para desesperar.
También yo, como tú, algunas tardes, 
ante mis propios fracasos y cobardías,
ante los genocidios y las depuraciones étnicas,
ante los millares de personas sin techo,
ante los millones de parados…
me siento trágicamente impotente…
Sí, tenemos mil razones para desesperar
de nosotros mismos, de los otros y del mismo Dios…

Y sin embargo,
¡hay también mil y una razones para seguir esperando!
Transforma tu mirada…
Son ya miles y miles lo hombres y mujeres 
que, en todos los frentes, sin cámaras ni micrófonos,
están diciendo no a la lógica del dinero,
no al odio,
no a la mentira,
no a la indiferencia,
¡no a la desesperanza!

Basta a veces un hombre, una mujer,
un puñado de voluntarios, 
para abrir una pequeña brecha de luz
en el muro de la noche.
Fíjate en todos esos hombres y mujeres
que, día a día, inventan
nuevas maneras de vivir, compartir y esperar.

Mira en torno a ti esas mil y una flores de esperanza,
que se obstinan en asomarse por las mínimas grietas
abiertas en nuestros paisajes de asfalto,
y tendrás deseos de sembrarlas,
tú también, muy pronto.

Un día, salió un sembrador a sembrar
la semilla de la esperanza,
y a pesar de la dureza de nuestra tierra,
a pesar de la abundancia de zarzas,
a pesar de las malas hierbas de todas clases,
esta semilla, tan frágil,
se convertirá en el árbol del futuro.

M. Hubaut. “Las raíces de la esperanza”

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