Un “HOGAR de la ESPERANZA” para los NIÑOS de la CALLE en CAMERÚN

En Yaundé –una ciudad extensa, con unos dos millones de habitantes, distribuidos por un terreno ondulante, lleno de colinas, en las que la vegetación y las viviendas se entrelazan y se funden con el paisaje–, se pueden encontrar, como en otras capitales de países en vías de desarrollo, numerosos niños que sobreviven como pueden en la calle. Muchos de ellos han encontrado una mano tendida en el “Hogar de la Esperanza” que dirige un misionero jesuita español, Alfonso Ruiz Marrodán sj.

En una entrevista, concedida a ZENIT, Alfonso Ruiz –al que los niños llaman cariñosamente “padre” en español– explica en qué consiste esta respuesta eclesial a una realidad tan dolorosa como es la infancia que se pierde en las calles. Lleva once años en Camerún y antes vivió veinte años en Chad.

El padre Alfonso, después de estudiar Filosofía en la Universidad Pontificia de Comillas y Teología en Francia, fue ordenado sacerdote en 1974.

–¿Dónde surgió su vocación de misionero y la llamada a este campo concreto de los niños de la calle?

–Alfonso Ruiz: Yo quería ir a América Latina y me dijeron que tenía que esperar. Entonces proseguí mis estudios y un día el padre Pedro Arrupe [en esa época prepósito general de la Compañía de Jesús, nde] pidió gente para ir a Chad. Entonces yo me presenté pensando que me dirían que no, como la vez anterior, pero esta vez me dijeron que sí. Fui al final de la Filosofía, en 1968, estuve dos años en Chad, trabajando con jóvenes en un internado. Entonces, pedí vivir un año en un pueblo para conocer el idioma y a la gente. Pasé casi un año solo, cerca de una parroquia, donde había un jesuita. Fue para mí una experiencia muy fuerte y ahí decidí que me dejasen quedarme a trabajar para siempre en África.

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