Una tecnología orientada hacia los derechos humanos

Por Celia Fernández Aller. CXV Caná en Madrid. Profesora de la Universidad Politécnica de Madrid.

Javier Leach, matemático y jesuita. No entenderíamos nuestra comunidad local, Caná, sin su apuesta por apoyar al laicado en su búsqueda de Dios y su inserción en la Iglesia. Fue un santo, y así nos consideraba con sus formas de hacer al resto de personas que tuvimos la suerte de conocerle.

No deja de ser casualidad la obstinación de Javier, al que llevamos en el fondo del corazón tantas personas de las Comunidades de Vida Cristiana (CVX), por encontrar vínculos entre la Ciencia, la Tecnología y la Religión. En realidad, entre Ciencia, Tecnología y Espiritualidad ignaciana, diría yo. Fue un pionero en este ámbito y sus contribuciones, que están en el centro de la profunda revolución industrial que nos ha tocado vivir, son esenciales.

La Cuarta revolución Industrial está suponiendo que lo digital se sitúa ahora cada vez más en todas y cada una de las áreas de nuestra vida social, económica, política, cultural, educativa e, incluso, religiosa. La tecnología avanza con rapidez y presiona a una ciudadanía que recibe esta tecnología entre aturdida y fascinada. No es una tecnología cualquiera, se trata de la Inteligencia Artificial (IA), el Internet de las cosas (IoT), la computación cuántica, la robótica… y, como cualquier otro artilugio creado por la humanidad, presenta oportunidades y desafíos.

La IA está permitiendo una medicina de precisión sin precedentes y la oportunidad de apoyar al diagnóstico médico para salvar vidas, la prevención de catástrofes, la extensión del conocimiento y la comunicación, la optimización en el uso de energía. Sin embargo, también está generando impactos nada deseados, como atentados a nuestra privacidad, fallos de seguridad que permiten a algunos extorsionar robando datos personales, la utilización de la tecnología para engañar, para desinformar y amenazar nuestras frágiles democracias, para aprovecharse de los más débiles en nuestras sociedades. Por otra parte, la IA necesita un consumo de energía sin precedentes, en un momento en el que estamos sufriendo los efectos de un cambio climático para el que no estamos preparados.

¿Tenemos algún papel ahí como cristianos y cristianas? La pregunta es tan retórica que sobra. ¡Hasta el Papa ha recordado la necesidad de regular la IA! En el Mensaje para la 57ª Jornada Mundial de la Paz, Francisco ha recordado que: En un espacio como la web, sobrecargado de información, las tecnologías “pueden estructurar el flujo de datos según criterios de selección no siempre percibidos por el usuario”. Los riesgos son reales y pueden afectar a la vida de “personas de carne y hueso”. Las “formas de inteligencia” -es correcto hablar de ellas en plural- tienen un impacto que “depende también de los objetivos e intereses de quienes las poseen y desarrollan, así como de las situaciones en las que se emplean. No es seguro a priori que su desarrollo “contribuya benéficamente al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos”. Tampoco es “suficiente suponer, por parte de quienes diseñan algoritmos y tecnologías digitales, un compromiso de actuar ética y responsablemente”. Por eso es necesario “reforzar o, en caso necesario, crear organismos encargados de examinar las nuevas cuestiones éticas y proteger los derechos de quienes utilizan formas de inteligencia artificial o se ven afectados por ellas. Los desarrollos tecnológicos que no conduzcan a una mejora de la calidad de vida de toda la humanidad, sino que, por el contrario, agraven las desigualdades y los conflictos, nunca podrán considerarse un verdadero progreso.

Imagen “Brecha digital”. Imagen creada por Celia Fernández Aller con Inteligencia Artificial.

Hay tanto por hacer…que no tenemos tiempo alguno que perder para extender los beneficios de la tecnología a toda la humanidad. Son muchos los retos, pero creo que Jesús pondría el foco en los grupos de personas que más sufren con nuestra revolución digital: la humanidad que no recibe sus ventajas y se encuentra lejos de tener condiciones de vida digna; la humanidad que no encuentra accesible la tecnología por sus condiciones físicas o intelectuales; los y las menores, fascinados con facilidad por organizaciones y personas sin escrúpulos, que muchas veces explotan su vulnerabilidad con pasmoso descaro, ofreciendo contenidos inapropiados, inmorales, ilegales; los trabajadores y trabajadoras que hacen el trabajo sucio en esta revolución; los inmigrantes, sobre los que se despliegan sistemas de control y supervisión que muchas veces son abusivos.

Ojalá desde CVX sepamos encontrar la forma de convertirnos en ciudadanía responsable, capaces de observar, formarnos, reflexionar y actuar en este momento que nos ha tocado vivir. Como dice Oriol Quintana, “darse cuenta del desarraigo esencial que provoca la tecnología explotadora es clave para comprenderla. La tecnología moderna expulsa al hombre de su casa, del lugar que le pertenece dentro del universo… con el dogma de la neutralidad de la tecnología, el desarraigo pasa desapercibido. Todos hemos aplaudido el razonamiento que dice: «La tecnología es neutral; según se use, puede ser buena o mala», cuando, de hecho, es un razonamiento internamente contradictorio: Es la afirmación contraria la que resulta coherente: «La tecnología nunca es neutral; según cómo se use, puede ser buena o mala»”.

Repetir que la tecnología es neutral predispone a aceptar acríticamente toda novedad tecnológica. Según esto, bastaría pararse a analizar los impactos de la tecnología después de desarrollarla, pero eso es lo que ha venido sucediendo hasta ahora y la cosa va muy mal. Sabemos que la tecnología se está usando sin rubor para extorsionar, para robar, para discriminar, y conocemos datos escalofriantes acerca del consumo de recursos naturales que supone. ¿Está el cuidado de la Casa Común y la dignidad de la persona en el centro de la revolución digital?

Imagen de la portada de vecstock en Freepik

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Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Política-mente son responsabilidad de las personas que los han escrito y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.

3 Comentarios

  1. Antonio Martinez Juan

    No puedo estar at más de acuerdo , Especialmente en lo que respecta al potenciai de la IA para avanzar en la corrección de desigualdades
    Y en extender sus beneficios os a toda la Humanidad especialmente a los que mas sufren ..

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  2. María Amparo

    Gracias por la información

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  3. marta rosario Sánchez García

    Gracias

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