El cristianismo y el poder de las ideologías

Por Salvador Merino Córdoba. CVX en Málaga.

Desde que Jesús de Nazaret dijera “…a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar” el cristianismo ha establecido sus parecidos y diferencias frente a cada una de las ideologías existentes. Para algunas de ellas siempre fue interesante que sus objetivos se asemejasen en lo posible a los de Cristo, estableciendo alianzas y acuerdos e incorporando a muchos de sus miembros entre sus dirigentes. Esto se debe, por una parte, al convencimiento de que los valores cristianos son realmente universales y, por otra parte, a una cierta conveniencia para acercar a un gran número de votantes a sus siglas.

Hoy reconocemos en muchos políticos, católicos o no, una fuerte ideologización, que muestran ante temas especialmente sensibles, como son los relativos al humanismo, la naturaleza o los conflictos internacionales. Curiosamente son estos temas en los que la propia iglesia, desde su magisterio y tras diversos textos papales, ha intervenido proponiendo planteamientos y soluciones factibles. Sin embargo, algunos líderes cristianos optan por separarse de estos principios ante el temor de las reticencias de sus correligionarios y, en ese momento, es dónde más trabajo les cuesta permanecer fieles a sus creencias y dónde más necesitan del acompañamiento de cada uno de nosotros.

Los excesos tecnológicos

Uno de los aspectos probablemente más complicados y que, sin embargo, menos controversia genera políticamente, es el rápido y constante desarrollo tecnológico de nuestras sociedades. Se trata habitualmente de disciplinas que exigen una gran formación y, sobre todo, una alta especialización y por ello la mayoría de los líderes políticos renuncian a ese esfuerzo paralelo necesario. Pero esta renuncia trae consigo una dejación de responsabilidades y deja paso a tendencias como el transhumanismo, con su fuerte apoyo en el superego y su obsesión por una inteligencia artificial mal entendida o la deshumanización, que nos lleva hasta posibles universos paralelos, como el metaverso o las redes sociales y pretenden embaucarnos mediante realidades inexistentes.

Pero las creencias de que todo desarrollo científico es positivo e indiscutible ya han sido puestas en tela de juicio en muchos momentos de la historia. Y aquí nos encontramos con otro curioso efecto de la política actual: el querer atraer todos los desarrollos científicos como fruto de una ideología determinada. Ya se ha ido intentando con el mundo de la cultura o de la economía, con el permiso cómplice de muchos ciudadanos, que no filtran de un modo crítico este posicionamiento impuesto. Y terminan pensando que todos los actores son de izquierdas, o los empresarios de derechas, porque así se lo indican sus políticos. De momento no se ha conseguido dirigir al mundo científico en general hacia una ubicación predeterminada, pero sin duda, ante tal nivel de politización, se intentará.

La educación como respuesta

Y si el mundo tecnológico ofrece una alta complejidad, de la que recelan los partidos políticos, no es menos grave que sean los aspectos humanos más básicos los que parecen preocupar a estos mismos gobernantes. La obsesión por indicarnos cómo hay que alimentarse o vestir, su insistencia en que todo deba ser evaluado dicotómicamente como bueno o malo y su tratamiento a la ciudadanía desde un infantilismo irrespetuoso, son impropios de una democracia consolidada. Y es ahí donde el cristianismo debe actuar tanto para mejorar el nivel intelectual de las clases dirigentes como para transmitir valores y conocimientos a las comunidades a las que sirven. Porque sólo desde esta opción de servicio a los demás y de denuncia de la injusticia y búsqueda de la igualdad se logra el máximo respeto a los ciudadanos y la defensa de una sociedad integral e integradora como la que todos deseamos. De ahí que muchos cristianos dediquemos nuestra vida profesional dentro del mundo educativo, tanto en la esfera pública como privada, porque son las propias enseñanzas de Jesús las que nos guían a amar la cultura, fomentar el conocimiento y transmitir los valores que nos identifican.

Los cambiantes conflictos

Desde el punto de vista de los conflictos intranacionales e internacionales las situaciones son cada vez más complejas. Cada ideología tiene aliados que a veces se comportan pacífica y humanamente con el resto, y esto nos lleva a percibirlos cercanos al cristianismo, pero de igual manera cambian y ofrecen su cara más bélica y sanguinaria, constituyendo todo lo contrario a nuestros principios. Por ello, estas alianzas a cualquier precio deben ser siempre puestas en cuestión, porque al no basarse en principios como el amor al prójimo y el perdón sin límites, tratarán de justificar cualquier tipo de acciones y, por encima de todo, que los sigamos allá dónde vayan sin la más mínima discusión. En este punto cabe pensar la importancia que tiene para nosotros el discernimiento y cómo éste debería ser una herramienta aconsejable para los principales líderes políticos en esos tiempos de decisiones estratégicas.

El libre albedrío

Posiblemente la mayor dificultad para los cristianos para participar en el mundo de la política sea el principio del libre albedrío. Al estar basadas nuestras creencias en la libertad del ser humano y en su absoluta responsabilidad en la toma de toda decisión que le atañe, es contraproducente para aquellas ideologías dirigistas que tratan de indicar a cada ciudadano qué debe hacer y cómo llevarlo a cabo. Este tipo de ingeniería social lucha, evidentemente, por anular al individuo invocando a las masas y, a veces, los propios cristianos sucumbimos a ello olvidándonos de nuestros valores. Hechos como el indicar a otros qué cadenas de televisión ver, qué radios escuchar o qué prensa seguir pueden ser muy instructivos pero, cuando se convierten en cordones sanitarios, es decir, qué cadenas no ver, qué no se debe escuchar o qué evitar leer, traspasan las líneas rojas de nuestra propia identidad y, en ese instante, estamos coartando la libertad de elección de los demás. Y estos son los detalles personales más sutiles, porque los partidos no suelen ser tan delicados y tratan de llegar mucho más lejos, hasta imponer incluso cómo deben vivir los ciudadanos, en qué idioma tienen que comunicarse o quiénes deben abandonar un determinado territorio. En todos estos extremos es posible caer. Lo importante, sin duda, es tener una comunidad que sepa estar ahí cuando la ideología quiera vencer a la espiritualidad y, sobre todo, cuando nos alejemos del estilo de vida que nos ofrece Jesús, el Nazareno.

Unidos en el bien común

Recientemente, hemos vivido una muy interesante y positiva experiencia en Málaga, a través de la Pastoral Universitaria, donde líderes cristianos de todos los partidos políticos han podido compartir sus diferentes puntos de vista en temas controvertidos y encontrar, sobre todo, aquello que les acerca e incluso les une. Para los que los escuchamos fue enriquecedor, porque nos ofrece un testimonio de esperanza en el que el entendimiento y la búsqueda del bien común es posible. Para los que participaron, lo fue, porque se sintieron acompañados en su compromiso sociopolítico, encontrando caminos para llegar a acuerdos basados en nuestra espiritualidad universal. Por ello, creemos que desde CVX convendría promover estos lugares de encuentro, diálogo y acercamiento, tan positivos y escasos en la actualidad.


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