Mensaje de nuestro presidente sobre la situación en Mexico

Queridos amigos, contactos y hermanos de comunidad:

Esta es una hora oscura y de profundo dolor para mi México, una tierra llena de gente que lucha todos los días ante la adversidad, la corrupción y los malos gobiernos. Hoy México sufre por un segundo tremendo terremoto al mismo tiempo que nuestros países hermanos del Caribe son duramente golpeados por consecutivos huracanes. No es fácil hacer sentido de esto sin la fuerza de la solidaridad fraterna y de la fe firme en la capacidad de salir adelante y ser más hermanos en esto y a partir de esto.


Mi familia está bien, la gente de nuestra CVX está bien, pero no sabemos de muchos amigos – as y compañeros de camino. Lo que sí sabemos es que mucha gente ha perdido su hogar en este y en el anterior terremoto. Sabemos también que los medios de comunicación poco han informado de los sitios más pobres y alejados que han estado más cerca en ambos casos del epicentro de los terremotos y por tanto están devastados. 

Hoy se necesita la fuerza de todos en oración pero más todavía en acción. Una verdadera contemplación en la acción. Por favor comiencen a movilizar todos los apoyos financieros posibles y en todos sus círculos de familia y amigos y hagan llegar esa ayuda a la Cáritas de su país o a la provincia jesuita de su país. De primera mano aseguro que esa ayuda llegará a los afectados por el huracán en el Caribe y por los terremotos de México. 

En tiempos como estos se mide la estatura ética de nuestras sociedades y se mide la fuerza de la solidaridad humana. También debe ser ocasión para denunciar la terrible corrupción que hay y exigir que la ayuda sea un medio sagrado de apoyo a los que más lo necesitan, y quien vulnere esto que es sagrado y quiera sacar provecho económico o político hay que enfrentarlo con toda la fuerza. Hoy necesitamos signos creíbles de esperanza y solidaridad. 

En mi otro país el Ecuador vivimos tiempos muy duros hace un año y medio en el terremoto de abril 2016 y el apoyo de todos lados fue impresionante y de gran generosidad y como Cáritas y redes de iglesia pusimos todos los medios para construir más de 700 casas, hacer asistencia humanitaria a más de 7000 personas, impulso económico familiar a quienes perdieron todo a cerca de 2000 familias. 

Es tiempo de devolver la gracia recibida y sabemos de primera mano que podemos hacer la diferencia como iglesia y sociedad civil. Es tiempo de movilizarnos efectivamente y honrar nuestra identidad creyente más allá de las palabras, es tiempo de creer ante toda desesperanza, y es tiempo de preguntarnos qué lecciones recibo de esto y a que conversiones me siento llamado con esta vivencia. 

Mau
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