La bandera de Jesús: Pobreza, oprobios y humildad

A menudo nos encontramos con dos modos de resolver los conflictos, el modo de resolver los conflictos que tiene el mundo y el modo de resolver los conflictos desde los valores de Jesús. 

Ambos modos, ambas banderas, compiten entre sí y tratan de imponerse en nuestro corazón, hasta que llega un momento en que hay que optar por una de ellas.

Si yo elijo el modo que tiene el mundo de abordar los conflictos, me colocaré en una posición de superioridad frente a los otros, creyéndome en posesión absoluta de la verdad, negando todo tipo de responsabilidad personal en el conflicto. Trataré de apropiarme de los éxitos de los otros y negociaré las condiciones que me sean más ventajosa para mí, con independencia de que eso complique la solución del conflicto o humille al adversario.

Por el contrario, si yo abordo los conflictos desde los valores de Jesús, me colocaré en una posición de humildad, reconociendo que yo también soy, en alguna medida, responsable del conflicto. Intentaré dar algún paso atrás para favorecer la solución del conflicto, aunque eso me perjudique de alguna manera; actuaré con discreción, alejándome de los focos mediáticos,  y trataré de facilitar salidas al conflicto que no humillen a mis adversarios. 

Optar por la bandera de Jesús exige actuar con lucidez para no dejarnos engañar por falsas apariencias que, lejos de resolver los conflictos, los enmascaran y complican su solución. Optar por los valores de Jesús no depende de nuestra simple voluntad, es una gracia que se nos concede, porque, a veces, supone tener que pagar un alto coste personal. Sólo estaré dispuesto a asumir ese coste personal si lo que me mueve es el profundo amor a Jesús y su causa.  

¿Qué coste personal estoy dispuesto a asumir por elegir la bandera de Jesús?

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