A PIE DESCALZO

A pie descalzo, Señor. De puntillas, no.

A pie descalzo, calcando la planta desnuda en la arena,

despojados de la sandalia,

así entramos en la aventura de orar, Señor Jesús.

A pie descalzo, paso a paso,

como niños que comienzan a caminar,

así abrimos el camino, Señor.

A pie descalzo, en busca de originalidad,

de pureza, de las raíces de la vida,

así caminamos, Señor.

A pie descalzo, despojados de todo lo que no somos,

así caminamos, Señor.

A pie descalzo, desnudos de postizos,

con sencillez, sin hacer ruidos,

sin afán de dejar pisadas para que otros nos sigan,

así caminamos, Señor Jesús.

A pie descalzo, con el corazón en vilo,

entrando en lo desconocido, en lo inútil,

en lo que no se mide, en lo no comerciable,

así entramos ,Señor Jesús.

A pie descalzo, en la aventura de llegar a Dios,

de experimentarlo, de sentirlo cercano, amigo,

así caminamos, Señor.

A pie descalzo, paso a paso,

fascinados por lo desconocido

y atraídos por el Trascendente,

así caminamos, Señor.

A pie descalzo, buscando como peregrinos

el sentido último de la vida

y la razón última para vivir,

así caminamos, Señor Jesús.

A pie descalzo, paso a paso,

ponemos en el camino de la oración

nuestro ser cristiano

porque queremos vivir el amor al Padre

como lo vivió Jesús, el Señor.

Porque tu amabas, Jesús, amamos nosotros.

Porque tu orabas, Jesús, oramos nosotros.

Tu estilo de vida,

Jesús, es la única razón

para esta aventura, esta experiencia.

Esta revolución del corazón llamada oración.

Jesús, creemos que la puerta por donde Dios

entra en el interior del hombre es la oración.

Abierta ésta, Señor.

El se comunica con sus gracias

Cerrada ésta. Señor, el corazón se queda vacío y solo.

A pie descalzo, paso a paso, sin desánimos

conscientes de la necesidad de orar,

despiertos a la audacia de comenzar un camino nuevo,

abrimos nuestro camino, Señor Jesús, en tu nombre.

Nos unimos a ti, que eres el gran Orante.

Confiamos en la luz y en la fuerza de tu Espíritu

y te pedimos que nos muestres el rostro del Padre.

A pie descalzo, caminamos contigo,

tu en medio de nosotros.

A pie descalzo caminamos con tu Espíritu,

tu Espíritu en nuestro corazón en búsqueda.

A pie descalzo, caminamos bajo las alas,

cobijados en la gran ternura del Padre que nos quiere.

A pie descalzo,

con el corazón desnudo te decimos:

Maestro, enséñanos a orar. ¡Maestro¡

Emilio L. Mazariego

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