Al FINAL de CADA DÍA

Gracias, Señor,
por el día que ha pasado,
por las horas que he vivido,
por la gente que he tratado,
por el pan que he compartido.
Gracias, por los momentos gozosos,
por el encuentro fraterno,
por las palabras amables,
por tantas cosas bonitas.
Y porque siempre eres bueno
a pesar de los pesares.
Gracias,
porque me aceptas
mucho más que yo a mí mismo,
por valorar en mí cantidad de cosas buenas,
por ser tan positivo y porque, contando contigo,
todo marcha hacia adelante.
Y gracias, mil veces gracias,
por el perdón de mis faltas,
por los rincones oscuros,
porque en el fondo de mi ser.
Juanjo Elezkano

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