APRIETA el nudo, SEÑOR

Aprieta el nudo, Señor,
tan fuerte y de tal manera
que no consiga, aunque quiera,
desligarme de tu amor.
Y pues sabes el dolor
que me ocasiona la espera,
no esperes a que me muera
para hacerme este favor.
Será mi vida tu vida;
tu pensar, mi pensamiento;
tu voluntad, mi comida;
tu sentir, mi sentimiento.
tu penar, mi sola herida,
y tu gozar, mi contento.
¡Aprieta con tanto intento
que muera de tan ceñida!
Crescencia Olivares. Carmelo de Sevilla

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