BELLEZA INTERIOR

¡Cómo alcanza una vida su plenitud “cuando la aurora despunta y amanece el día en nuestro corazón!”. Dios espera mucho de ti. Nunca te conduce hacia el vértigo de los desánimos, con los cuales no propones más que tristeza. Dios te lleva hacia realidades que disuelven las amarguras. (Carta de Taizé, Etiopía, Roma 1988)

Cuando un ser humano –como tú- toma conciencia de su propia vida, se da cuenta de que si no llega a su plenitud, -¿de qué le sirve?- ¿No te da vergüenza de ir arrastrando y rompiendo a jirones este don único que Dios te ha dado?

Deberías pensártelo en serio. Si cada día caminas hacia tu plenitud de persona en las ondas y en la coordenadas divinas, te sentirás un ser afortunado.
Si alguna vez le preguntas a un creyente comprometido cómo se encuentra, te dirá que perfectamente bien. La razón la sabes: Es coherente con las exigencias de su fe, esperanza y amor. En su corazón nace cada mañana un precioso amanecer. Se pone en las manos de Dios, no para hacer sus gustos, sino para hacer los deseos de Cristo.

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