Carlos Aguiar Retes: “NECESITAMOS una TEOLOGÍA que dé RESPUESTA a los HOMBRES de HOY”

El P. Manuel Corral me abre la puerta de la sede del Episcopado en la Ciudad de México con una cordial sonrisa y me invita a pasar. Arriba me espera monseñor Carlos Aguiar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). El día es caluroso y a mediodía cae pesado el sol. La sala de la entre­vista es sobria, sin adornos ni expresiones ostentosas. Monseñor Aguiar cruza la puerta, su semblante expresa serenidad.
Ante todo, muchas felicidades por el 35º aniversario de su sacerdocio. ¿Cuál es la situación actual de la Iglesia?
Muchas gracias. Estos 35 años han sido una bendición. El ministerio me ha generado muchas alegrías y compensaciones, tanto en lo afectivo como en la colaboración con la Iglesia. Estoy muy agradecido a Dios por este tiempo. También la gente compensa con mucho afecto a sus sacerdotes. Y mientras las responsabilidades son mayores, este afecto por sus pastores es creciente.
Sólo me queda reconocer la mano de Dios en este trayecto. No cabe duda de que me han tocado oficios interesantes a la par de ser obispo de Texcoco. Como ser secretario general del CELAM, después su vicepre­sidente; y también secretario de la CEM y ahora su presidente. Estas responsabilidades me han permitido ver diversas ventanas de la misión de la Iglesia, tener una visión más amplia, y percibo su fuerza en este convulsionado mundo que nos toca vivir.
Pero, al mismo tiempo, percibo lo que hemos llamado en el CELAM y en la Asamblea de obispos en México un cambio de época: el modelo cultural vigente está cambiando, el modelo que vivíamos está confrontado, es cuestionado y se resquebraja. Ese mundo que vive el cambio de época, que no lo había vivido Occidente desde el siglo XVI, está convulsionando también a la misión de la Iglesia. Por ello, la Iglesia necesita reubicarse.
¿Qué significa que la Iglesia se reubique?
Que debemos dar respuesta a situaciones existenciales nuevas. Y que si sólo hacemos las cosas que estábamos haciendo, no podremos dar respuestas adecuadas. Es decir, la Iglesia estaba habituada a una acción pastoral que respondía a una cultura: la feligresía acudía a la parroquia, la Iglesia la servía desde ahí. Pero esto está cambiando. Lo dice el Documento de Aparecida.
La Iglesia tiene que recuperar su sentido misionero. No debe sólo ofrecer servicios; tiene que salir de sí misma, servir al Reino de Dios. Y hoy el Reino significa manifestar la misericordia de Dios. Esta conmovedora tarea exige extender la mano amiga y solidaria en todos los ámbitos de la sociedad, no sólo en los más lacerantes, donde las expresiones de pobreza son estremecedoras, sino también en los que se definen las tendencias de la sociedad, en el mundo intelectual y académico. Influir en la vida social para ser levadura del Evangelio y que esta acción perdure más allá del siglo XXI.

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