Carta de BENITO MARÍN cvx: IMPRESIONES FINALES de la PEREGRINACIÓN IGNACIANA

Querida Silvia:
Con sentimiento profundamente agradecido, aunque sazonado de nostalgia, quiero enviarte, para que dispongas como creas oportuno, estas últimas impresiones de la peregrinación ignaciana de nuestros hermanos de CVX.
Me disculpo, previamente, ante todos los que te leemos y admiramos, por no haber llevado más al día las crónicas de los acontecimientos. En mi descargo he de decir que no siempre hemos contado con la posibilidad de acceso a Internet en los lugares de alojamiento. En verdad que solamente en uno de ellos, en Loyola tuvimos el acceso sin restricciones. En los demás, la necesidad de guardar turnos o de buscar un cyber me echaba para atrás y me ha limitado mucho, pues obligaciones más inmediatas no me han dejado mucho tiempo para ello. No obstante, y aunque tampoco he podido leer el blog desde hace unos días, tengo el leve conocimiento, al menos la impresión, de que hemos tenido unos “reports” muy suculentos, escritos por nuestros amigos de CVX de Pamplona y otros lugares. Voy a aprovechar para leerlos detenidamente y disfrutarlos.
Antes de nada, deciros a todos que el final de la peregrinación ha llegado con un balance muy positivo en lo referente a la salud y el bienestar de todos los peregrinos. Nuestros ángeles custodios han hecho bien su trabajo y San Ignacio nos ha protegido de todo mal, guardándonos de peligros e incidentes luctuosos. Deo gratias.

La peregrinación de los 38 más un conductor, Ángel, ha llegado a su fin. Como todas las cosas de este mundo, ha llegado a su meta, dejando un poso de mucho amor y mucha alegría, tanto interior como exterior. No creo equivocarme si os digo que todos los 39, incluido el conductor, daríamos una nota bastante alta al peregrinaje y a sus vivencias. En las despedidas se suele comprobar, con bastante frecuencia, el poder que ha tenido lo vivido y cuando éste se manifiesta con gran sentimiento y algunas lágrimas, es porque ha tocado el corazón. Así creo yo que ha sido en nuestro caso.
Supongo que la última etapa Montserrat-Manresa sea la que no haya sido narrada, por consiguiente, me gustaría compartir con todos, muy brevemente, alguna experiencia más señalada de este último tramo. Por supuesto, no quiero olvidarme de nuestra querida Madre del Pilar, en Zaragoza. Sobre todo, porque, aunque destrozados por la actividad del día anterior, y deseando irnos pronto a la cama, nadie se perdió el paseo nocturno bordeando los enormes muros de la Basílica, sin poder acceder, pues ya eran las 10,30 de la noche. Cuando descubrimos que el templo abriría a las 7 de la mañana, nadie dudó en levantarse y hacer una visita a la Madre Buena de la Hispanidad. Así fue como, bien temprano, la virgencica nos iluminó el día y nos animó a seguir el camino. Pronto estuvimos en Cataluña, tierra de tanto significado ignaciano.

Las montañas de Montserrat nos quitaron el aliento. Los peñascos desnudos y altivos erguidos sobre el monasterio y la basílica, ciertamente imponen. Los ojillos de nuestras amigas catalanas, Paddy y María, brillaban de orgullo y satisfacción al tiempo que nos explicaban la transcendencia del lugar para su tierra y para toda la iglesia. Nuestra Señora “La Moreneta” iba a cuidar de nosotros y nos iba a rodear con sus brazos compasivos y dulces. El hotel, la Abadía, los niños de la Escolanía, vaya con los niños de la Escolanía, como cantan el Virolai y la Salve!, nos dejaron con la boca abierta y el alma henchida de gozo. El hotel resultó un lujazo, demasiado para los peregrinos, dijo algún peregrino, pero nadie se quejó por ello, ya que, como decía Santa Teresa: “cuando sea perdiz, perdiz y cuando penitencia, penitencia”. Estaba claro que, también en Montserrat, el plato sería más de perdiz que de penitencia!

La tarde continuó en Manresa, el lugar donde el Padre Ignacio encontró la inflexión en su vida de peregrinaje. El lugar donde el peregrino cambió sus vestiduras y encontró la respuesta de los deseos escondidos de Dios. La “Cova” que tanto misterio ha escondido a los estudiosos, el Cardoner al que miraba Iñigo en su búsqueda y que vio nacer los Ejercicios. Todo sobrecogedor, todo tan impresionante y, al tiempo, tan entrañable, tan cercano y tan familiar para todos. El padre Carles sj nos hizo de cicerone, Angel Rivera sj y Gilles tradujeron sus explicaciones con tanta finura y sentimiento que no creo que se perdiera ni un ápice de “sustancia” de todo lo narrado y comentado. Pero primero fue la eucaristía, cantada en su mayor parte, dicho sea de paso, por un bien afinado padre Denis Meyer sj a quien todos queremos y admiramos por su gran sabiduría y mejor sentido del humor. Ya estaban con nosotros José María y Aurora, Ginés, Rosa y Quim. Espero no olvidarme de ninguno. Qué suerte que CVX cuente con tantos amigos tan disponibles y generosos! Su presencia, como la de los amigos de Pamplona anteriormente, nos ha hecho sentir seguros y relajados y sus buenos consejos han disipado dudas y algunas incertidumbres, causadas por el desconocimiento y la novedad de lo vivido. Para quienes ya habían tenido la suerte de haber visitado esos santos lugares, revivir la experiencia sobre ellos ha sido todo un lujo. Para quienes, como es mi caso, no habían podido orar ni sentir la fuerza de esas paredes, de esas rocas y de esos rincones misteriosos, sentimos por primera vez por qué San Ignacio encontró la inspiración y la gracia entre ellos.

El día siguiente vio la despedida. Nos despedimos de la Virgen, la abrazamos con el corazón y nos la llevamos en él. Nos despedimos de los que quedaron en el aeropuerto y de los que después comenzaron el último tramo de la hermosa Barcelona desde la Plaza de san Jaume. Abrazos, besos, alguna lágrima. Promesas de volver a estar juntos. Agradecimientos y mucho, mucho deseo de seguir edificando comunidad; de seguir caminando juntos en la misión, cada cual desde su lugar, desde su proximidad y desde su lejanía, desde su corazón, siempre buscando y hallando a Dios en todas las cosas y todas en Él. Seguir construyendo iglesia por y para todos, con Cristo como único fin. AMDG.
Benito Marín cvx, desde Salamanca

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