CRÓNICA de una CRISIS ANUNCIADA

Había una vez un joven de 22 años llamado John, que vivía con sus padres en las afueras de San Diego (California, Estados Unidos). Tenía ganas de independizarse, pero con lo poco que ganaba haciendo chapucillas aquí y allá (era electricista) no creía que le pudiera bastar para pagar una hipoteca. De todas maneras, como tenía visto un apartamento que le gustaba mucho, un día decidió ir a preguntar. Le dijeron que dos años antes valía $320.000, pero que con el aumento de precios del sector inmobiliario ahora no lo vendían por menos de $400.000.
John se quedó un poco desilusionado, pues dudaba que con su trabajo de pocos ingresos (y bastante inestable) y sin tener dinero ahorrado para una entrada, le fuesen a conceder una hipoteca. Aun así, pensó que “la esperanza es lo último que se pierde”, y se dirigió a una sucursal del CaliforniaBank que había al lado de casa de sus padres para rellenar la solicitud.
Nuestro amigo californiano tuvo una agradable sorpresa cuando, 2 semanas más tarde, le llamaron del banco y le dijeron que le habían concedido la hipoteca. Por el 110% del valor del apartamento (para que tuviese dinero para hacer las reformas pertinentes), con las comisiones
aplazadas durante un año y sin tener que pagar nada durante los 6 primeros meses. El tipo de interés (variable) era algo caro, pero con las buenas perspectivas que tenía de ir consolidándose en su trabajo estaba convencido que podría salir adelante.
Publicado por Guillermo Casasnovas y Miriam Feu en CiJ. Sigue leyendo…

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