¿DIOS en BARAJAS?

Firmamos este artículo un increyente y un creyente. Ambos estamos de acuerdo en que, tanto si Dios existe como si no, el mundo está en manos de los hombres. Hace ya siglos, el salmista intuía algo de esto rezando: “El cielo pertenece al Señor, la Tierra se la ha dado a los hombres” (Salmo 113). Ambos compartimos el aviso de la tradición teresiana: “Dios no tiene otras manos que las nuestras”, aunque el creyente pueda añadir que nuestras manos no tienen más maña ni más fuerza que la de Dios.
Este punto de partida común planteará preguntas al creyente (¿cómo interviene Dios en la historia, si es que interviene?). Y plantea otras al no creyente: si ya no podemos echar la culpa a Dios ¿qué responsabilidad tenemos los hombres en atrocidades como el accidente de Spanair del pasado agosto? Dicho de manera brutal: ¿debemos renunciar a un progreso técnico que de vez en cuando se cobra esa cantidad de víctimas y de lágrimas? ¿Sería responsable conmoverse en el momento del desastre y olvidarlo luego sin sacar consecuencias?
Esta pregunta suscita enseguida infinidad de contrarréplicas fáciles: ¡cuántas lágrimas se han evitado gracias al progreso técnico! ¡Cuántos seres humanos pudieron salvar la vida gracias a una ambulancia médica, o llegaron a tiempo al entierro de un ser querido gracias a la aviación!

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