DOMINGO XIV del TIEMPO ORDINARIO

Del Evangelio de Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo:
«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Orar en Domingo:
El pueblo sencillo, por JAP
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por Hermann Rodríguez Osorio sj
Cómo piensa y cómo actúa Jesús, por José Enrique Ruiz de Galarreta sj
Todos nuestros cansancios se harán llevaderos, por José María Maruri sj
Para adquirir sabiduría, por José María Vegas cmf
¿Indignados o cansados?, por Javier Leoz
Comprensión, gozo y compasión, por Enrique Martínez Lozano

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