Ecos de la experiencia-ruta Tarik Emaús

Participar en la experiencia Tarik-Emaús significaba salir de mi zona de confort, atreverme a conocer otra realidad y ver qué podía suponer eso en mi vida. Fue una bonita casualidad y una suerte que la información para formar parte de esta experiencia me llegara ya que yo nunca había tenido relación con CVX.

 El mundo de las migraciones también era territorio desconocido para mí, pero la verdad que la acogida de la comunidad de jesuitas de Almería hizo que todo fuera mucho más fácil. Me ayudaron a familiarizarme con la espiritualidad ignaciana y sobre todo a situarme en esa realidad migrante que tenemos alrededor y que nos pasa desapercibida la mayoría de las veces. Fueron siete días llenos de lugares, testimonios, sentimientos y encuentro con Dios. Fueron siete días que me plantearon muchos interrogantes y sobre todo fueron siete días que me ayudaron a ponerme en la piel de aquellas personas que intentan cruzar el Mediterráneo para encontrar una vida mejor.

Nunca me había imaginado las condiciones en las que vivían los migrantes invisibles en ese mar de plástico de Almería ya que mientras estén escondidos a nuestros ojos parece que no nos importan. Después de realizar todo el recorrido hasta la tierra soñada, se encuentran con una sociedad que los usa para enriquecerse, para que trabajen, pero en unas condiciones infrahumanas que aceptan porque no tienen otra opción. Es indignante pensar como hay gente que les deja estar “viviendo” y vigilando su invernado, pero solo si lo hacen en chabolas y en malas condiciones. Y a la vez es increíble ver como ellos siguen teniendo fuerzas y cuando le preguntas cómo están te responden siempre que bien.

El asentamiento chabolista en el que estuvimos es dónde más cerca de Dios me sentí en todo el viaje. Fue una gran oportunidad pisar su tierra sagrada, poder escuchar sus experiencias de vida, pero sobre todo poder ver que seguían teniendo esperanzas y que luchaban por conseguir algo mejor para su familia.

Ponerte en la piel del rechazado, del invisible me planteaba muchas preguntas sin respuestas y es difícil de digerir si no lo haces en oración recordando que Jesús también fue migrante. ¿Por qué los recursos están tan mal repartidos?, ¿por qué los privilegiados nos aprovechamos de nuestra situación?, ¿por qué tu futuro se decide según la zona donde hayas nacido?, ¿dónde quedan los derechos humanos de los migrantes? …Y la pregunta que considero más difícil de todas, ¿qué espera Dios que haga yo ante esta situación?

Por si fuera poco lo que vivimos en Almería, continuamos nuestro viaje cruzando el mar Mediterráneo y meditando sobre lo que significa el mar para nosotros y lo que significa para ellos. Ese mar que puede significar tranquilidad, descanso, vacaciones para algunos y a la vez puede significar muerte, miedo, caos y esperanza para otros. ¿Cómo puede verse lo mismo de formas tan diferentes? ¿Cómo pudimos hacer un viaje tranquilo en ferry mientras que otros arriesgan su vida para cruzar? Mientras cruzábamos me venían a la mente algunas de las frases de los migrantes que habíamos conocido en Almería y que habían conseguido cruzar en patera. También recordaba aquellas vidas que se habían perdido en el intento de llegar hasta Europa y como la sociedad hacía oídos sordos ante esta realidad. ¿Por qué hay migrantes con derechos y otros sin ellos? ¿Por qué nos importa tanto el país de origen del que vengan? ¿Cómo permitimos que se jueguen su vida para cruzar el estrecho?

Las preguntas nunca cesaron al llegar a Nador sino todo lo contrario. Con nuestros papeles y pasando los controles nosotros pudimos acceder sin problema a Nador, cruzar a Melilla y después de vuelta. Sin embargo, hay muchas personas que quieren hacerlo y son rechazados por su color de piel. Esas personas acaban jugándose la vida, intentando saltar una valla inmensa, llena de riesgos para gritar “Boza” y llegar a lo que en teoría les dará una vida mejor. Y lo peor es que tú sabes que esa vida mejor no lo es tanto ya que nuestra acogida no podría ser peor. Me acordé de Almería y de las personas que había visto allí en chabolas mientras veía que otros siguen intentando saltar y no pierden la esperanza. No puedes lógicamente decir nada porque ellos ya no tienen otra alternativa, deben seguir adelante, pero en esos momentos me sentí un poco perdida, solo pudiendo pensar en el sufrimiento y lucha que vivían a diario.

Sin embargo, también pude ver cómo las manos de Dios estaban allí, a través de personas que día a día intentan acercarse a los migrantes y hacerle su vida un poco más fácil. Pude ver como en la Delegación Diocesana de Migraciones estaba formada por personas de diferentes culturas, pero que convivían y luchaban por lo mismo, por acompañar y ayudar a todos esos migrantes a los que tanta falta les hace.

A pesar de todas las preguntas, solo puedo dar gracias a todas las personas que han hecho posible esta experiencia y a mis compañeros, Marco y Pilar, que me han acompañado en todo el trayecto. Creo que después de todo, lo importante no es encontrar respuestas a todas esas preguntas sino no apartar la vista y ser consciente de la realidad para así poder actuar en consecuencia.

Ana Belén Taviel

Participante experiencia Tarik Emaús

4 Comentarios

  1. Alfonso Salgado

    Gracias, Ana Belén.
    Testimonio que es casi visual.
    Gracias por compartir tu experiencia y sembrarme alguna pregunta…

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  2. Amparo Gálvez

    Impactante e importante experiencia. Gracias por compartir y hacer cuestionar

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  3. Álvaro Ortega

    Que importante hacernos preguntas todos los días. Muchas gracias por tus preciosas palabras y tu comprometido testimonio. Abrazo fuerte!

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  4. Nieve Cardozo

    Es una experiencia que me gustaría vivir, te felicito

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