“En Tierra Santa NO NECESITAMOS que se construyan MUROS, SINO PUENTES”

Encuentro a Claudette Habesh un día de invierno suave en la oficina de Cáritas en Madrid. Esta mujer palestina menuda, que sonríe sin parar y mira directamente a los ojos con sinceridad, comunica la energía que sólo se encuentra en quienes llevan años derrochando la convicción de que merece la pena trabajar por la paz en lugares en conflicto. A lo largo de la conversación repite una y otra vez que “la paz es posible”. Cuando le menciono que conozco la labor de Cáritas en muchos lugares de África, me responde: “En todas partes la Iglesia es una luz de esperanza”.
Directa, afable, curtida en lugares de pobreza y desesperación, se percibe desde el primer momento que la secretaria general de Cáritas Jerusalén es una mujer que, cuando habla, no se anda por las ramas. Por eso comienza hablando de la historia más reciente del conflicto, cuando en 1948 el pueblo palestino fue desposeído de su tierra natal para crear el nuevo Estado de Israel sobre el 78% de la Palestina histórica. Más de 750.000 personas se convirtieron en refugiados. “Yo soy uno de ellos; perdí mi hogar, mi muñeca y la comodidad de mi cama cálida. Sin embargo, como otros más que sufrieron las consecuencias de la guerra, trabajo inexorablemente para construir una conciencia para nuestra causa justa y tender mi mano a la paz”.
Su visita a España coincidió con uno de los peores recrudecimientos de la violencia en la franja de Gaza que se recuerdan en los últimos años. En uno de los raros momentos en que agacha la cabeza mientras habla, menciona con tristeza a los niños que mueren en los constantes ataques que asolan Palestina. Muchos tienen nombres y rostros muy familiares para ella, como Yacoub, un niño palestino de seis años, y Osher, uno israelí de ocho. “Recuerdo a los dos tumbados en la cama en el mismo hospital israelí, ambos víctimas inocentes del continúo conflicto. Ambos estaban intentando curar sus heridas físicas y emocionales. Yacoub fue herido de metralla en un bombardeo en Gaza mientras asistía a una boda con su familia. Osher fue herido en Sderot, una ciudad hebrea a tres kilómetros al norte de Gaza. Un cohete ‘Quassam’ fue lanzado desde Gaza mientras caminaba por la calle con su hermano, también herido, cuando iban a comprar un regalo para su padre. Cuando vi a estos dos niños pensé que su proximidad en sus sufrimientos era un signo de reconciliación”.

Por José Carlos Rodríguez-Soto, publicado en Vida Nueva. Sigue leyendo…

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