ES TIEMPO de ESCUCHA

En tiempos de oscuridad siempre nacen estrellas que iluminan y orientan. Ha habido épocas de mártires, de fundadores monacales, de predicadores, de teólogos, de misioneros, de místicos, de formadores, de solidarios ayudadores, etc. Así se ha ido tejiendo la historia de esta Iglesia nuestra hasta conseguir un brocado de sublime belleza y variedad. Véase, si no, la multicolor pluralidad de instituciones, movimientos y grupos integrados en el mosaico eclesial.
La Jerarquía de clérigos -los laicos no hemos llegado todavía a la mayoría de edad- se las ve y se las desea para aglutinar tanta diversidad en tiempos en los que la autoridad está en crisis, mientras la libertad y el individualismo se reivindican como valores irrenunciables. Hace, por tanto, muy bien nuestra Jerarquía en hablar para todos. Es su deber y es su derecho. Aunque los políticos y sus redactores quieran silenciarlos cuando denuncian partidistas decisiones antinaturales y degradantes.
Con todo, lo que debiera caracterizar la aurora del siglo XXI es la escucha. Ya no valen las viejas formas autoritarias, ni los temores opresores, ni la conciencia oficial, ni los nocivos servilismos, ni las manipulaciones piadosas. Los católicos -sin dejar de ser católicos- estamos descubriendo la autenticidad, la libertad y la conciencia individual. Es más, estamos descubriendo la liberación que trae la Buena Noticia (2Cor 3,17). Caminamos hacia la madurez humana y religiosa. Desde distintas praderas se oye gritar: ¡NO a la religión que aplasta, que aliena, que tergiversa o suple la responsabilidad y libertad personal! ¡SÍ a la religión que ensancha, que moviliza, que promueve, que ilumina los dones individuales, la responsabilidad personal y la conciencia profunda! A partir de ahí el respeto y eficacia grupal vendrán por añadidura.

Por Jairo del Agua. Sigue leyendo…

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