Examen en tiempos de Pandemia

 
1er momento: Ponerse en presencia de Dios.
 
Este es un tiempo difícil para situarse delante de Dios.
 
Es un tiempo de no entender, de transitar una realidad jamás experimentada. Nunca antes nos habíamos visto en tal situación y no tenemos relatos previos que nos ayuden o nos arrojen luz. Es un momento de aceptar no saber. De renovar la fe.
Hemos de hacernos conscientes de nuestra verdadera condición, tan frágil, tan sencilla. Tan igual a la de otros aunque ahora mismo nos sintamos más aislados de ellos que de costumbre, parece que estemos más lejos, porque estamos encapsulados en nuestra seguridad. Pero es esta realidad la que nos ha vuelto más iguales, nadie es inmune, hemos observado que hay que ser solidarios unos con otros para mejorar la situación. Cada cual haciendo lo que sabe o debe.
Hemos de volver al Principio y Fundamento, a redescubrir en cada uno de nosotros el fin para el que fuimos creados. En medio de la naturaleza, al lado de cada criatura. Es durante este confinamiento cuando, si hemos estado atentos, se nos ha revelado lo más esencial. El amor. Hemos sentido la imperiosa necesidad de estar, ver, tocar a nuestros seres queridos. Hemos sentido grandes impulsos de amar y sentirnos amados, de ser útiles y encontrar sentido dentro de lo novedoso y desconcertante de esta situación.
Hemos de abrazar ese fin, y orientarnos hacia él. Una tarea que si habitualmente no es fácil, durante el transcurso de la pandemia tampoco. 
 
Han desaparecido nuestras rutinas y todo aquello que habíamos aprendido o comprobado que tenía sentido para nosotros. Transitamos un espacio que esperamos sea temporal, pero no sabemos qué nos espera. Estamos experimentando un éxodo.
 
Aún estando en medio de toda esta incertidumbre es necesario que nos ubiquemos. Así delante de Dios y su mensaje.
Un mensaje que deberemos articular en presente, ante un mundo ya doliente y nuevamente vapuleado por la enfermedad y sus consecuencias sociales, económicas, emocionales…
 
 
 
2º momento: Pedir gracia para saber mirar el presente con los ojos de Dios.
 
Es un tiempo de volver la mirada hacia los pobres que han pasado este tiempo en hogares pequeños, hacia los migrantes que lo han hecho muy lejos de sus familias. A los presos en lugares concurridos y sin garantías. A la gente sin hogar a quien nadie veía, pues las calles estaban vacías. A los que ya eran pobres y ahora lo son más, pues las cadenas de ayuda se han visto detenidas. A los que no lo eran, pero han perdido su trabajo, sus ingresos… y cada día que la situación se prolonga, aún con alivio de sentirse vivos existe la certeza de que la vida va a ser dura, amarga.
 
De volver la mirada a países donde a pesar de la pandemia no se ha detenido el conflicto armado y sigue en pie la venta de armamento. Son unos 2 mil millones de personas los que se encuentran atrapadas en esta tesitura, donde los hospitales han sido destruidos, donde han necesitado desplazarse hasta campos de refugiados, donde ahora son más vulnerables frente a la enfermedad, el frío, el hambre.
 
De volver la mirada a nuestro planeta, a la casa común, al que no hemos sabido cuidar y que en nuestro tiempo de repliegue ha sabido florecer, restaurarse, respirar y seguir alimentándonos. Aún así no se ha descontaminado del todo, pues hay efectos que no tendrán recuperación.
 
De reconocer que Dios también sufre viendo el dolor de su pueblo.
3r momento: Reconocer nuestros sentimientos.
Nos surge el agradecimiento a todos aquellos que durante la epidemia siguen al pie del cañón desempeñando sus quehaceres, sirviendo, mediante su trabajo, a la sociedad. Encarnando una verdad que hemos aprendido estos días, nadie se salva solo.
 
Agradeciendo a las familias haber sido el primer escenario de la campaña donde abordar la crisis, haciendo inteligible la nueva situación a los pequeños, acompañando en la distancia a los mayores, generando nuevas rutinas, dotando todo de sentido y manteniendo viva la esperanza y la alegría.
Agradeciendo haber experimentado la generosidad generada entre los humanos; los vecinos acompasando los aplausos, haciendo sonar su música, las conversaciones breves y furtivas cuando nos hemos cruzado en la distancia, la paciencia en las colas, cederse el paso en las aceras, no haber dudado ni un momento en desempeñar la tarea para los demás, aunque haya requerido más esfuerzo del estipulado, más horas de las pagadas o más peligrosidad de la contemplada.
 
Agradecemos haber tenido compañeros en la fe, que aún en la distancia nos han hecho mantener la llama viva. Nos han enviado whatsapps, videos, mensajes, hemos seguido oraciones en streaming, eucaristías por canales de Youtube…, gracias a que las personas han utilizado con buen fin la tecnología, que nos conecta. Y aunque no es el ideal de comunicación nos hemos adaptado al hecho de que es lo que tenemos.
 
 
 
4º momento: Preguntarnos qué es lo que más nos acerca o nos aleja del plan de Dios.
Aquí nos planteamos. ¿Merece la pena seguir como hasta ahora? ¿Es el modelo en que vivíamos sostenible; donde ya todo afecta globalmente perdemos todos, incluso hasta el más poderoso o el más rico. ¿No será mejor tener cuidado de la Tierra, de la producción, del consumo y el bienestar de forma equilibrada y equitativa?
 
Estamos llamados a sembrar la esperanza en medio de tanto sufrimiento. Cuanto más sufrimiento, más siembra.
Estamos llamados a guiar a los jóvenes, ahora alejados de todo, incluida su manera de ver y vivir la fe. Ante ellos se abre un mundo lleno de incertidumbre, lleno de desesperanza, de crisis. Hemos de redoblar esfuerzos ante ellos. Necesitan expresar lo sentido, necesitan encontrar a Dios en medio de la desgracia. Necesitan vencer el miedo para poder darse a los demás.
 
Observamos las ganas del joven de seguir adelante, de continuar con su camino de fe. De crecer y tener experiencias que le ayuden a seguir formándose, discerniendo su camino. Pero muchas veces no está en sus manos generar estos espacios, estas experiencias, somos nosotros los que tenemos la oportunidad y la experiencia. Y debemos brindársela. Para que ellos libremente sigan discerniendo sobre su vida.
Hemos recibido de la Iglesia el gran encargo de velar por y junto a los jóvenes mediante el Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes. Hemos escuchado cómo se encuentra entre una de las preferencias de la Compañía de Jesús. En el camino discernido por la CVX-E se encuentra en el centro de uno de sus campos de misión.
Es verdad que ante el mundo no estamos solos, no importa la fe que cada uno profese, en el camino del servicio nos encontramos con otros, estamos llamados a hacerlo con los demás, tendiendo puentes, aceptando las formas y maneras de los otros sin perder nuestra identidad.
 
 
 
 
5º momento: Discernir cómo podremos ayudar mejor.
Es tiempo de hacernos la gran pregunta; ¿Estamos añorando que las cosas sean como antes, o deseamos que sean mejor que antes?
 
Por tanto, después de todo este tiempo, has podido destilar ¿qué es lo necesario de lo que no lo es? Si todavía no has tenido tiempo, si tu alma no ha estado en calma. Tómate tu tiempo, hazlo sin prisa, pero sin dilación. Porque empezamos a salir del confinamiento, y es posible que la nueva rutina te atrape, que las dinámicas del mundo comiencen a rodar, y sin haberlo pensado, nos veamos abocados a lo mismo, donde siempre los mismos pierden.
¿Cómo empezar? Es quizás tiempo de mirar la realidad cercana, la que cada uno puede abarcar mientras el desconfinamiento va avanzando, detectando necesidades acuciantes, en las que tenemos experiencia o a qué necesidades podemos apoyar junto a los que ya trabajan en estos campos, qué realidades quedan desatendidas. Qué necesidades son estructurales y necesitan de otra estrategia. Cuál es la mejor manera de abordar cada caso, con qué fuerzas contamos. ¿Hemos de actuar, denunciar o acompañar?
¿Para qué tarea sirvo mejor? ¿Dónde debo poner en juego mis talentos? Para las otras tareas cuento con mis hermanos, llego hasta todos los lugares si otros llegan. Sirvo en mi lugar, si los otros confían en mi. Es crucial acrecentar nuestro sentimiento de cuerpo, de comunidad, de iglesia.
Es momento de discernir cómo puedo yo poner mi “saber y mi poseer” para servir mejor, siendo capaz de proponer algo nuevo, necesitamos ser creativos, valientes y osados. ¡Está llegando esa hora!
 
 
 
6º momento: Petición.
 
Es momento de pedir que la gracia de Dios nos acompañe en el día de mañana.
 
Pedir gracia porque no somos capaces de solucionarlo todo, de entenderlo todo, ni de ayudar a todos.
 
Porque no siempre tenemos el ánimo alto, la palabra acertada, ni la cabeza despejada.
 
Porque para brindar nuestra colaboración hemos de hacerlo desde abajo, a su modo.
 
 
Equipo Misión Jóven

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