Fallece Luis Ruiz SJ, padre de los pobres

Fallece el jesuita español Luis Ruiz SJ que rescató del olvido a 10.000 leprosos chinos y a 30.000 refugiados

Durante setenta décadas trabajó por los refugiados, ancianos, enfermos psíquicos, leprosos y enfermos de sida.

Algunos le consideran el “creador del sistema de servicios sociales de Macao”.

El 3 de agosto serán sus funerales en la catedral católica de Macao.

El pasado 26 de julio falleció en Macao, a sus 97 años, el jesuita asturiano Luis Ruiz (“Luk Ngai”: padre de los pobres), famoso por su ingente labor en China y Macao con refugiados, ancianos y leprosos. Gran parte de su labor se canalizaba hoy a través de su Casa Ricci (http://www.casaricci.org ) y fue el fundador de Cáritas Macao. Con más de 70 años comenzó la atención a 10.000 leprosos en más de 140 centros.

Nació el 21 de septiembre de 1913 en Gijón (Asturias). Ingresó en la Compañía el 20 de septiembre de 1930 en la Provincia de León S.J., en el noviciado de Salamanca. En 1931, continúa el noviciado en Marquain (Bélgica) y el juniorado y la filosofía en Marneffe (Bélgica) debido a la situación de la Compañía en España durante esos años. En 1939 va a la Habana en espera de destino donde hará el magisterio.

En 1940 viaja a China donde estudió mandarín en Pekín y cursa Teología en Innen City Anking (China). Fue ordenado sacerdote el 7 de junio de 1945 de manos de un obispo chino. Entre 1944 y 1947 reside en Zikawei- Shangai Empezó sus trabajos como profesor de inglés en Anking y visitando los centros de misión de esa diócesis. Caminaba a pie 60 y 70 kilómetros al día, pues en tiempo de la ocupación japonesa no había transporte.

En 1949 nace la República Popular China y ese año las tropas comunistas llegan a Anking y cierran el Centro de la Misión. Los padres responsables, entre ellos Luis Ruiz, son encarcelados con el Sr. Arzobispo Melendro. Allí enfermó de fiebres tifoideas; pero, en 1951, fue curado en el hospital de Shangai. Expulsado de China, llega a Macao el 1 de noviembre de 1951. En esos años Macao era una ciudad muy pobre a la que iban llegando los chinos del norte que huían de las tropas comunistas. El mismo P. Ruiz contaba: “eran gentes que llegaban con lo puesto, sin medios de vida ni trabajo y, en medio de ellos, me encontré yo, con mi chino-mandarín para poder comunicarme, pero también sin dinero para ayudarles”. Empezó a remover contactos para obtener alimentos y comenzó toda una ingente labor de apoyo a los refugiados. Su ayuda llegó a unos 30.000, primero en el “Colegio Ricci”, luego en la “Casa Ricci”, que fue el principio de la Caritas de Macao. La ayuda no consistía sólo en darles de comer, sino en conseguirles documentación, encontrarles trabajo y ofrecer educación a sus hijos.

También abrió una iglesia para los refugiados portugueses y chinos: los servicios religiosos eran en inglés y en mandarín. En 1952 habían organizado catequesis nocturnas en mandarín en Casa Ricci. “El dar el catecismo por la noche era mi trabajo más importante”, decía el P. Ruiz.

Tras años de intensa actividad, en 1969 China declaraba que Macao era territorio chino bajo administración portuguesa y, por lo tanto, no podía haber refugiados chinos en territorio chino. Así que los que llegaban a Macao ya era refugiados ilegales; también a estos ayudó. Fue entonces cuando, según el mismo Ruiz “me vino una inspiración: ayudar a la Tercera Edad, pues algunos refugiados llevaban 20 años en Macao y ya había muchos ancianos”. Creó el Asilo Betania para hombres, el Asilo Santa María para mujeres, el Asilo Carmom para hombres con problemas, y un espacio del Centro San Luis para enfermos mentales. “Todas estas iniciativas fueron secundadas por cristianos fervorosos que ayudaron a fundar y dirigir estas obras necesarias por la suma pobreza” afirmó el misionero. Y todas estas obras fueron mejorando conforme Cáritas de Macao fue afianzando la cooperación con el gobierno local. En 1989, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana empezaron a encargarse de ellas.

Contando con más de 70 años de edad, en 1986, se introduce en el mundo de los leprosos y comienza su atención a ellos, ayudado por varias congregaciones religiosas: “En 1986, con ocasión del gran terremoto en la Provincia de Yun-nan volvía a entrar en China continental. En la Prov. de Cantón, encontré a un santo, el celoso P. Lino Wong, quien me introdujo en el olvidado mundo de los leprosos. Mi primera visita a la leprosería de Tai-Kam, fue impresionante. Situada en una islita a una hora del continente, en un barco de pesca y con gran oleaje. Yo iba preparado para regalarles cigarrillos americanos (…) Nos estaban esperando. Quería darles un apretón de manos pero muchos no tenían manos y no podían coger los cigarrillos que les daba; tuve que encender el cigarrillo en mi boca y pasarlo a la boca del leproso que, después, lo cogía con los muñones (…) Quedé admirado con tan inmensa miseria como se palpaba y sentí interiormente el tremendo abandono en que vivían fuera de todo contacto humano.”

Gracias al P. Ruiz, 4 Hermanas de la Caridad de Santa Ana, una sevillana y tres indias, se “sepultaron” en aquella tristísima isla y, en 5 años, aquel centro triste, sucio, abandonado, transformó a sus enfermos en personas alegres, felices y limpias. Siguió visitando otros leprosarios. Éste que le causó mucha impresión: “Un leprosario estaba al fondo de una caverna, como en el fondo de un tazón, sin camino para bajar y subir… solo un vericueto a lo largo de la montaña rocosa… por allí baje con mucha dificultad para ver a los leprosos, aun presentes, que hace 40 años fueros descendidos con cuerdas. Y, lleno de compasión, volví a subir con gran alegría de los enfermos y satisfacción de las autoridades que quedaron admirados por la transformación del nuevo centro fruto del amor de las Hermanas, con un “via crucis” de 30 estaciones, a donde llegué extenuado a mis 86 años”.

Recorrió trece provincias de China visitando más de cien centros con 10.000 leprosos para los que organizó la atención necesaria. Todavía en 2005, este misionero aceptó el ofrecimiento del Gobierno de la provincia de Hunan para crear un centro de enfermos de sida.

Los habitantes de Macao seguirán recordando su sonrisa, al mando de su famosa vespa roja que usaba para desplazarse. Falleció en su habitación de la Casa Ricci de Macao, donde vivió.

Recibió premios como: La Medalla de la Orden del Mérito civil del Gobierno de Macao, la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica y la Encomienda al Mérito de Portugal.

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