FÁTIMA 2008: Nuestra HISTORIA de GRACIA


El EXCO invitaba en el Proyectos 135 a elaborar la “historia de gracias” de cada comunidad. Decía así: “Como primera medida preparatoria, les invitamos a reflexionar sobre la “historia de gracia” de su comunidad nacional desde 1967 o su fundación respectiva, y enviarnos una síntesis de dos hojas que incluya una breve reseña de los momentos claves y la gracia experimentada en su caminar”.

Por eso, aquí tenéis la nuestra, nuestro tesoro. El Comité pidió hace unos meses a todos los presidentes, a las comunidades más jóvenes y a alguna otra persona, que escribieran su historia de gracia. La final, la que engloba a todos, es la que se ha enviado al EXCO. Empapémonos de ella.

La Historia de Gracia de CVX España comienza con la presencia en las Asambleas Mundiales de Manila ‘76 y Roma ‘79 de los jesuitas Joan Marti Tusquets y Javier Leach –por encargo del Provincial de España- respectivamente, quienes trajeron de vuelta a España el influjo de un movimiento laico, la Comunidad de Vida Cristiana.
En el año 1983, con la colaboración de la Comunidad Mundial, se realizó en Manresa un curso europeo CVX. La asistencia de un numeroso grupo de españoles, supuso el punto de partida definitivo a la creación de lo que sería más adelante la CVX España. Desde entonces, el Señor nos ha acompañado durante todo este tiempo que podemos calificar como un tiempo de Gracia para todos los que formamos parte de la comunidad.

La Gracia de la vocación CVX
Tras unos años iniciales de difusión de lo que era CVX, y crecimiento progresivo en el número de comunidades, la segunda mitad de los 90 estuvo marcada por los denominados “procesos de clarificación vocacional” que afectaron a la mayoría de las comunidades locales.
El desencadenante de dichos procesos fue la llamada de CVX a ser una vocación personal y específica dentro de la iglesia. Para muchas personas pertenecer a CVX era la consecuencia natural de haber pasado muchos años en grupos de inspiración ignaciana, nacidos en su mayoría en centros de pastoral de la Compañía de Jesus o bien herederos de las antiguas Congregaciones Marianas. Quienes llevaban años participando de tales dinámicas, fuertemente vinculados por lazos de amistad y de vivencia común de la fe con otros miembros de su grupo, recibieron no sin sorpresa la noticia de que eso no bastaba para estar en CVX. La pertenencia era un asunto individual y no de grupo, como respuesta generosa a la llamada personal del Señor a servirle dentro de un carisma específico de la Iglesia. Estos “procesos de clarificación” dieron como resultado final unas comunidades con una identidad CVX más clara y definida, a expensas de producirse bajas y abandonos que ocasionaron, en algunos casos, situaciones de tensión y sufrimiento.
Un factor fundamental que hizo que el proceso se manifestara con especial fuerza fue el análisis y reflexión por las comunidades, como preparación para la Asamblea de Itaici, del borrador del documento “Nuestro Carisma”, que definía con claridad y con un alto nivel de exigencia las características de la vocación CVX.

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