HACIA FÁTIMA 2008 (II)

Indica el Proyectos 135 que “en cada etapa de nuestra historia, hemos sido llamados a profundizar un aspecto diferente: en los primeros años de renovación, era importante volver a las fuentes de nuestra espiritualidad ignaciana. Luego, a finales de los años 70 y principios de los 80, la dimensión comunitaria de nuestra vocación nos invitaba a dar el paso de una Federación Mundial a una Comunidad Mundial. En todo momento fue crucial el tener siempre presentes todos los pilares”.

¡Qué agradecimiento nos debe surgir por tantas personas de CVX que vivieron esos años 70 y 80, con valentía, de vuelta a nuestra espiritualidad, de cuerpo a través de una única comunidad…!

Ya en los años 80 la misión común cobró impulso en la CVX. Durante la década de los 90 se hizo más profunda la conciencia de querer llegar a ser una comunidad apostólica, la misma que fue asumida en 1998 por la Asamblea de Itací (Brasil) cuando la Comunidad Mundial se centró en el tema: “Profundizando nuestra identidad como cuerpo apostólico – clarificando nuestra misión común”.

El proceso de discernimiento llevado a cabo en la Asamblea de Itaicí, experimentado y preparado en las comunidades nacionales, se concentró en tres aspectos de crecimiento de la vida cristiana: Cristo y la cultura, Cristo y la realidad social, Cristo y la vida cotidiana. Luego de observar los criterios ignacianos de la misión, las necesidades percibidas en los campos seleccionados y las posibilidades de fomentar la colaboración entre laicos y jesuitas, el proceso nos llevó a descubrir tres áreas de misión y un conjunto de medios necesarios para realizarla:

Primero, deseamos traer a nuestra realidad social el poder liberador de Jesucristo. En segundo lugar, deseamos encontrar a Jesucristo en toda la variedad de culturas, permitiendo que Su gracia ilumine todo lo que necesita transformación. En tercer lugar, deseamos vivir unidos a Jesucristo para El pueda entrar en todos los aspectos de nuestra vida ordinaria en el mundo. Estas tres áreas de misión fueron iluminadas por la fuente espiritual que nos alimenta y fortalece para la misión: los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que nos ayudan a crecer en la vida cristiana. Además, debemos atender nuestra propia formación para la misión, de manera que nuestra comunidad pueda llegar a ser un instrumento más eficaz de servicio”.

Quizá sea un buen momento para reflexionar sobre estas tres áreas de misión y las herramientas que se especifican, los medios. Pasan los años, ¡y cómo pasan!, crecemos, nos hacemos adultos pero conocer nuestra historia interna y vivir comprometidamente el presente nos puede ayudar a esperanzarnos con el futuro. (Continuará)

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