La REINA y KIKE FIGAREDO sj

Tal y como prometió hace un año, cuando tuvo que aplazar este viaje, Su Majestad la Reina regresó el pasado jueves a Camboya (14 millones de habitantes) para aportar ese pequeño grano de arena que supone la ayuda española en este país devastado por la guerra y marcado por la tortura y el exterminio de dos millones de personas durante el gobierno comunista de los jémeres rojos (1975-1979).
Cuando Doña Sofía aterrizó en el aeropuerto de Pochentong, lo primero que encontró fueron los carteles de bienvenida escritos en español y las miles de banderas de España con las que los camboyanos engalanaron su recorrido hasta el hotel en el que se hospedó, así como el centro de la capital.
Lo duro empezó al visitar los proyectos que desarrolla Cooperación Española en este castigado país. Su primera cita fue en el centro de rehabilitación y formación profesional para mujeres y niñas que han sido víctimas de la esclavitud sexual y que ha recibido entre 2003 y 2007 una ayuda de más de 1,3 millones de euros de la Asociación Española de Cooperación Internacional. Este centro fue creado por la premio Príncipe de Asturias Somali Mam, quien fue vendida como esclava en varias ocasiones y obligada a ejercer la prostitución hasta que, en 1991, su actual marido la rescató de los burdeles de Phnom Penh.
Desde entonces Somali Mam, que tiene 38 años, decidió crear una asociación (Afesip) para ayudar a las mujeres y niñas que se encuentran en esta situación. Según su testimonio, algunas son vendidas por sus propios padres cuando tienen ocho años para garantizar su virginidad y que no tengan enfermedades de transmisión sexual. Después, sus nuevos propietarios las obligan a mantener hasta quince o veinte relaciones diarias y el pago, a veces, es sólo de un billete de cinco dólares o un plato de arroz. También Doña Sofía recibió al reducido grupo de españoles que residen en Camboya, donde nuestro país todavía no tiene Embajada. Después, mantuvo un encuentro de cortesía con el Rey Norodom Sihamoni, quien ofreció una cena en su honor en el Palacio Real, situado a orillas del río Mekong, cerca de la famosa pagoda del Buda Esmeralda.

Nuestro amigo Kike Figaredo sj
El jueves por la mañana, la Reina viajó en helicóptero a Battambang, para conocer la admirable labor de nuestro amigo Kike Figaredo sj, prefecto apostólico de Battambang, con los mutilados por las minas antipersona. Se calcula que uno de cada 300 camboyanos está mutilado y aún permanecen bajo tierra unos dos millones de estos proyectiles, que cada día producen dos o tres accidentes y, cuando no matan, cambian trágicamente la vida de las personas. Como son amarillas, mucha gente las confunde con los paquetes de ayuda alimentaria. Kike Figaredo lleva 27 años en este país asiático y su obra es un soplo de esperanza para todos los necesitados. En el Centro Arrupe, la Reina conoció de primera mano la realidad de los 42 niños mutilados que viven allí, el taller de montaje de sillas de ruedas o un simulacro de desminado, entre otras labores.
Lo que más sorprende de Camboya al visitante, y seguro que a la Reina también, es la permanente sonrisa en el gesto de sus habitantes, la misma que muestran las esculturas del siglo VI del Museo Nacional de Phnom Penh. Sólo hay un lugar en el que está prohibido reírse (con carteles que lo indican expresamente): el Museo del Genocidio, Tuol Sleng. Las paredes de este antiguo colegio, convertido en 1975 en cárcel durante el Gobierno de los Jémeres Rojos, recuerdan las terribles torturas (como arrancar las uñas con alicates) aplicadas por el comunista Pol Pot a quienes no pensaban como él. Después de torturarles, les mataba junto a sus mujeres e hijos.

Kike Figaredo acompañó a la Reina y a la delegación española a la aldea de Tahen, donde el obispo ha construido dos colegios, una guardería, una iglesia y un taller de artesanía. Los niños y niñas de Tahen, que tiene unos dos mil habitantes, despidieron a la Reina con una salve rociera y un «guapísima» en castellano.

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