Las AYUDAS al DESARROLLO resultan INSUFICIENTES

Hace años, en el mundo de la cooperación internacional, se acuñó la expresión “fatiga del donante”. Se venía a expresar así la frustración de quienes veían cómo ingentes cantidades de dinero invertidas en ayuda al desarrollo en los lugares más pobres del mundo (sobre todo de África) parecían caer en saco roto sin que se vieran resultados tangibles. Además, en muchos casos algunos países receptores de la ayuda parecían retroceder en lugar de progresar.
Pero quizás la ayuda no es tan grande como algunos piensan, sobre todo en países donde alrededor de la mitad del presupuesto nacional depende de lo que proporcionen los donantes. Y cuando se trata de dinero necesario para financiar sectores como sanidad y educación, es cuestión de vida o muerte. Así lo acaba de advertir CONCORD, un consorcio de 1.600 ONG europeas para quienes “los gobiernos europeos van por detrás de lo planeado en cuanto a calidad y cantidad de la ayuda para los países en vías de desarrollo”.
Según CONCORD, las cifras más recientes -publicadas en abril de 2008- indican que se ha producido un ligero descenso en la cantidad de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) europea. Aunque nueve gobiernos de la Unión Europea (entre ellos España) han aumentado el porcentaje de su AOD entre 2006 y 2007, la mayoría de ellos aún no han alcanzado el objetivo común de dedicar el 0,39 del PNB, un modesto porcentaje que queda aún muy lejos del tan repetido 0,7 de hace algunos años. Además, en muchos casos se inflan las cifras de AOD con partidas como la cancelación de la deuda o el apoyo a refugiados o a estudiantes.
“Cuando se proporciona ayuda de calidad -insisten las ONG- ésta funciona, tal y como atestiguan los dos millones de personas que reciben tratamiento gratuito contra el VIH/SIDA, y con ella se pueden pagar los millones de profesores y enfermeras, y las semillas y fertilizantes, que tanta falta hacen”.

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