MARÍA, MUJER que ARRIESGA

Dios es fuego. Al menos así lo describen los grandes místicos. El fuego transforma todo, ilumina todo, no deja las cosas como al principio. Si hemos escuchado al Señor de verdad, es imposible que no nos hayamos quemado, es imposible que algo en nuestro interior no se haya abrasado.

“María, se levantó, y decidió atravesar toda la región de Galilea y Samaría para visitar a su prima Isabel en un pueblo de Judea. Algo había cambiado a María, que la llevó a salir de su casa (como a Abran) y de su tierra, y de sus cosas, y de su ambiente, arriesgándose en un largo y duro viaje. María no pudo permanecer ya nunca más como antes, y al ver a Isabel no pudo más que cantar:

Soy feliz Isabel, porque he escuchado la voz del Señor,

y no hay nada más dulce que sus palabras.

Confío en que estará siempre detrás de mi

y no me dejará jamás.

Su amor es inmenso y llega a todos los que le escuchan.

Los poderosos no le comprenden

porque tienen demasiadas cosas que les atan y les esclavizan,

pero los humildes, los sencillos, los sufridos

los que están dispuestos a abrir sus manos necesitadas a su amor

se llenarán de una ternura que no se agotará nunca.

Seguir a Jesús es dejar atrás lo que no nos hace libres, lo que nos impide ser nosotr@s mism@s. Seguir a Jesús es atreverse a caminar por sus caminos, caminos de sencillez, de verdad, de humildad y de paz… ¿te atreves?

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