Me has SEDUCIDO, SEÑOR

Me has seducido, Señor,

y me dejé seducir,

desde que aprendí tu nombre

balbucido en familia.

Me has seducido, Señor,

y me dejé seducir

en cada nueva llamada

que el alto mar me traía

Me has seducido, Señor,

y me dejé seducir

hasta el confín de la tarde,

hasta el umbral de la muerte.

Me has seducido, Señor,

y me dejé seducir

en cada rostro de pobre

que me gritaba tu rostro.

Me has seducido, Señor,

y me dejé seducir,

y en el desigual combate

me has dominado, Señor,

y es bien tuya la victoria.

Me has seducido, Señor,

y me dejé seducir

en un desigual combate

y la victoria es bien nuestra.

Pere Casaldàliga

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