NO MULTIPLIQUES las PALABRAS

El Abad había pasado la tarde con los novicios. Antes de retirarse a su celda, les dijo deteniendo el paso un momento:
-Ahora vamos a rezar. Cada uno de vosotros hará una oración que tenga como máximo una palabra. Luego, escucharemos el silencio.
Los novicios comenzaron a orar:
-Oh
-Señor
-Dios
-Padre
-Luz
-Fuego
-Amor
-Justicia
-Fuente
-Alegría
-Paz
(Y se hizo un largo silencio).
-Amén -concluyó el Abad, fiel a la consigna que él mismo había dado.
Antes de despedirse, uno de los novicios preguntó ingenuamente al Abad:
-¿Cuál es la mejor de todas estas plegarias?
-Todas -respondió el Abad-, porque todas tienen raíz, y la raíz es la misma.
-Pero, ¿y si tuviera que elegir una?
-Hoy me quedaría con la primera (“?Oh!”). En dos letras -¡y una de ellas muda!- expresa más de lo que podríamos pensar.
Y haciendo un gesto amable de despedida, terminó:
-Sólo la supera el silencio.

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