SAL de TI MISMO

Iba el yo paseándose por la tierra, cuando -de pronto- se le cruzó el tú. El yo experimentó un sobresalto, y al momento se le abrieron los ojos, se despertó su inteligencia, rompió a hablar y dijo: ¡Aaaaah! Entonces mismo comenzó a amar y supo que el corazón del yo-tú (el “nosotros”) era sostenido por Dios. Todo ocurrió en un instante.

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