“Si la Iglesia no da TESTIMONIO, puede generar indiferencia”

El Defensor del Pueblo Andaluz desde 1996, el sacerdote José Chamizo, es una de las personas de mayor relieve público en Andalucía. Su mediación en numerosos conflictos sociales, su compromiso con los más débiles y su independencia respecto a los poderes públicos le han granjeado el respeto de instituciones, colectivos y entidades de los más diversos colores.
Es el Defensor de todos. Le gusta hablar claro, crudo: a su oficina, a la que ve como una gran parroquia, llega mucho sufrimiento y no cabe demasiada diplomacia. Su obsesión es dar voz a quienes nadie escucha. No se acostumbra al dolor, por eso sigue en la pelea.
¿Qué clase de compromiso debe distinguir el trabajo de un cristiano en la vida pública?
En el caso de ocupar un cargo público, la actitud de un cristiano debe ser la actitud continuada de servicio. El servicio es la clave del mensaje de Jesús. Y si de verdad una persona pública quiere vivir el Evangelio, no sólo tiene que manifestar una vocación de servicio, sino que debe estar comprometido con las causas de los demás. Esto es lo decisivo y lo distintivo. Y en todo momento debes de comprender la reacción de la persona a la que se presta el servicio, sea de agradecimiento o no.
Y ¿cuál es el matiz en el caso del Defensor del Pueblo?
El matiz es una opción preferente por los más marginados. Primero, por una cuestión evangélica; y segundo, porque es lo que he hecho toda mi vida, lo cual no quiere decir que esté acostumbrado. Entre los mayores sufrimientos que hay, a veces el mayor es no saber adónde ir para compartir tu dolor. El Defensor del Pueblo Andaluz intenta ser voz de los que menos voz tienen. Hay tanta sensación de fracaso que eligen al Defensor, pero eligen al defensor-cura. ¿Por qué? Porque entienden que es capaz de guardar silencio. Y acuden al Defensor muchos colectivos, no sólo los más pobres económicamente, sino la gente de clase media o media-alta que no sabe adónde acudir. Tanto en los casos que tenemos de hijos que maltratan a sus padres como en los de drogadicción, muchos de ellos se están dando en la clase media.
Por Juan Ramón Barbero, publicado en Vida Nueva. Sigue leyendo…

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