SIN PARAR

Llevo no sé si 4 o 5 fines de semanas con actividades (convivencias, encuentros, voluntariados…) Y todos los domingos por la tarde, cuando estoy exhausto me prometo que el fin de semana siguiente lo dedicaré a dormir, leer, pasear… descansar.
Es verdad que muchas cosas me vienen dadas, y el margen de maniobra no es mucho. Y se me hace muy cuesta arriba pensar que el lunes empieza otra semana: con clases, exámenes, catequesis, preparación de otras cosas y los impresivisibles de siempre.
Soy muy crítico con nuestros activismos, y aunque es posible que caiga en lo que critico, intento que todo lo que hago tenga sentido, que esté pensado, que si acabo reventado sea porque merece la pena.
Y la clave está en el último pensamiento del domigo, justo cuando dejo el libro que estoy leyendo en la mesita de noche (de cuyas últimas líneas nunca me acuerdo) porque ya no puedo más. Entonces, vienen esas imágenes que sintetizan la semana, normalmente acompañadas de ese sentimiento de agradecimiento, de que he hecho lo que he podido, y he recibido infinitamente más.
Javier Montes sj, publicado en “En todo amar y servir”

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