Testimonio del mes de Ejercicios

Me piden que escriba sobre mi última experiencia de Ejercicios. Me resulta difícil plasmar en palabras la Vida vivida, guiada, acompañada por el Señor durante esas cuatro semanas.

Quizás me ayude señalar que soy miembro de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) y que he participado durante tres veranos consecutivos en la experiencia de ejercicios espirituales completos que la CVX ofrece, pues éstos son la fuente que nos permite vivir la vida cotidiana en clave del Señor; buscando y hallando su Voluntad dentro del ritmo “trepidante” del día a día.

Esta última experiencia de ejercicios me ha ayudado a parar, mirarme delante del Señor y poco a poco hacer silencio en mi interior y ver, sentir cómo me mira, volver a experimentar su llamada tranquila, serena, paciente. Vuelvo a experimentar tanto bien recibido… y es tanto, que vivo la inmensa pequeñez de mi persona, de mis limitaciones, que aunque inicialmente me abruma, me descubre, como Buen Padre que es, que me quiere así, como soy, con mis luces y mis sombras, que su amor es incondicional y desde ahí continuamos el recorrido de los ejercicios, donde me concede la gracia de sentirme pecadora en mi día a día, me conduce al desierto y aunque a veces no le quiera escuchar o quiera un camino “más fácil”, Él sigue ahí, a mi lado y siento que mis tribulaciones, cansancios, bloqueos, tienen sentido desde Él, se transforman en alegría pacificada, en esperanza si me muevo desde Él, para que sea Él quien lleve el timón.

Mi vida cotidiana, las personas con quienes camino, trabajo, me cruzo… todo cobra otra dimensión, una dimensión que solo se explica desde el Señor. Los ejercicios ayudan, me ayudan, a observar la vida con un poco de perspectiva, desde el corazón de Dios, con el deseo de adaptar la vida, mi vida, a esa forma de mirar y hacer de Dios. De ahí la importancia y la necesidad de hacer silencio interior, para poder escucharlo.

Esta experiencia vivida a lo largo de tres veranos, tiene muchas riquezas, una es el encuentro conscientemente deseado con Dios, donde pones tu vida delante de Él y ves cuánto es de Dios y cuanto de uno mismo, de “mis” intereses, prioridades… y además rodeada de personas que como yo hemos sido llamados a formar parte de la Iglesia desde esta vocación laical de CVX. Otra riqueza es que estando en proceso de ejercicios vuelves a la vida cotidiana, donde te enfrentas, me enfrento, con las tentaciones diarias, pero con la fortaleza de sentir tan profundamente al Señor conmigo, que me permite enfocar la vida diaria desde el centro, desde la persona que se encarna, porque nos quiere. Mantener esta sana tensión es posible gracias al acompañante, a la comunidad, a las personas que la forman, pues realmente son mis amigos en el Señor, como dice San Ignacio. Y vuelve el verano y continúas el camino iniciado.

Mi experiencia es de agradecimiento y de petición. Agradecimiento por tanto bien recibido, por experimentar que todo es don de Dios, regalo. Lo que le pido es su Gracia para no poseer los dones regalados y así disponerlos con alegría, con amor en lo que Él considere, en construir Reino, Su reino. Le pido que me conceda la gracia de aumentar mi fe, la gracia de la oración, la gracia de dejar hablar, hacer al Espíritu que habita en mí, la gracia de creer esto. Le pido el degustar internamente “Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta”.

Publicado en: http://espiritualidadignaciana.org/testimonio-mes-de-ejercicios/

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