Una “BURBUJA” para los NIÑOS en NAVIDAD, por José Ignacio Calleja

Me gusta pasar de la anécdota a la categoría; es decir, partir de un pequeño ejemplo, apenas una anécdota de la vida, y componer una teoría. Como fuera que la información sobre la crisis nos abruma, me llamó la atención este detalle de la radio: “Dicen que vamos a consumir un tres por ciento menos durante estas Navidades”. No sé cómo lo adivinan -pensé- pero lo saben; o lo dicen, que para el caso es lo mismo. Y al comentar esta noticia, la gente decía, “ahorraremos en lo que podamos, pero en los juguetes de lo niños, no. ¡No se puede jugar con las ilusiones de los pequeños!”, concluían.
Permítanme dos palabras sobre ambas cuestiones. Miren, eso de que vamos a gastar un tres por ciento menos, está muy bien; ¿quién no puede pasar con un tres por ciento menos de lo que gasta, de lo que vende y de lo que gana? Miradas así las cosas, ¿quién puede decir que esto le da miedo? Además, ¿no habíamos quedado que consumimos en exceso, y que el ecosistema se resiente? Vaya, que no es sostenible vivir de este modo, que ni alcanza para todos, ni la tierra no lo aguanta. Así que un consumo más reducido tiene que venir de perlas. ¿Qué pasa, entonces? El engaño de las estadísticas, ya lo conocen ustedes. Si dos personas compran un pollo y se lo come una, las estadísticas dicen que se ha comido medio pollo cada una, pero usted sabe que una se ha comido el pollo entero y la otra nada.
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