Una SÍNTESIS MARIANA de XABIER PIKAZA

Con flores a María, así se decía y cantaba, cuando yo era pequeño, en las plegarias vespertinas del mes de María (que en el hemisferio norte era mayo, en el sur septiembre). Íbamos entonces a llevarle “loratxu eder bana” (cada uno una florecita preciosa). Quiero ofrecer a los amigos de mi blog una pequeña “síntesis mariana”, que he preparado para el Diccionario de las Tres Religiones, que presentaré con V. Haya (él ha desarrollado la visión de Mariam en el Corán, que, con su permiso, puedo reproducir un día). Podría haber buscado con este motivo algún poema, pero lo mío es más la reflexión y así quiero reflexionar hoy al servició de la visión mariana del catolicismo. Ofrezco una síntesis un poco larga. No es para leerla entera.

1. María, una mujer judía
María ha sido una figura histórica concreta, que ha vivido en un momento y lugar determinado, dentro de un contexto cultural, social y familiar muy definido. No es un puro signo sagrado, una idea general (el eterno femenino), ni una diosa. Ella ha sido y sigue siendo una mujer judía, de Nazaret de Galilea, madre y seguidora de un pretendiente mesiánico judío. Así la recuerdan los cristianos, como mujer judía, por la tarea única e irrepetible que ha realizado, vinculada a la historia de Jesús, su hijo, y del cristianismo primitivo. Ninguna otra mujer de la historia puede ocupar su puesto, ni realizar lo que ella hizo como madre de Jesús, llamado el Cristo, a quien millones de personas veneran como Hijo de Dios. Ella, la madre de Jesús, puede ser una mujer muy importante para el judaísmo (como ha puesto de relieve J. GARCÍA PAREDES, Mariología, BAC, Madrid, 1995).

Los seguidores de Jesús no sólo han seguido recordando a María, sino que han agrandado su recuerdo al presentarla como Gebirá, madre mesiánica del Seños (cf. Lc 1, 43). María parece vinculada a la comunidad judeo-cristiana de los hermanos de Jesús, pues tanto Mc 3, 31-35 como Hech 1, 13-14 suponen que ella forma parte del grupo o iglesia dirigida por Santiago y los parientes del Señor en Jerusalén. Es normal que esos judeo-cristianos la presenten así como gebirá o Señora-Madre de las tradiciones reales de Israel (cf. 2 Rey 1l, 1 ss; 5, 21). La esposa o esposas del rey pertenecen a su mundo privado, carecen de rango oficial sobre el pueblo. Por el contrario, la madre del rey ocupa un lugar especial en la corte y el reino. El varón israelita se vuelve gabar por la guerra o por las acciones exteriores. Por el contrario, la mujer es gabar por maternidad. Pues bien, la madre de Jesús aparece de esa forma, como la Señora, en el fondo de la narración de Mt 2 (Jesús está en sus manos), y recibe expresamente ese nombre en Lc 1, 43 (¿de dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor?). También Jn 2, 1-11 presenta a María como Madre mesiánica, pues, pues ella puede pedirle a Jesús que actúe, como indicando lo que ha de hacer. En todo esto, la madre de Jesús pertenece al mundo israelita.

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