XXXIII DOMINGO

DEL EVANGELIO DE MATEO (25;1-13)

Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: “¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan”. Pero las prudentes replicaron: “No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!” Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

Orar en Domingo:

¡Despierta que estás dormida! por José Enrique Ruiz de Galarreta sj

“(…) no saben ni el día ni la hora”, por Hermann Rodríguez Osorio sj

Encender las lámparas, por José Antonio Pagola

“El aceite da luz al consumirse en el servicio a los demás”, por Xabier Pikaza

Diez muchachas con lámpara, por Xabier Pikaza

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